La ONU pide ayuda financiera: más de 45 millones de personas, al borde de la hambruna

En 2019 se encontraban 27 millones de personas en estado de inanición.

La guerra de Afganistán ha dejado a tres millones de personas más en emergencia alimentaria.

La ONU afirma que más de 45 millones de personas se encuentran al borde de la hambruna en todo el mundo, un 66% más que en 2019. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA) anuncia el comienzo de la que llaman la “cuenta atrás” hacia la catástrofe y pide ayuda financiera internacional en un momento de escasez de fondos.

De cara a superar esta situación y evitar la hambruna mundial, el PMA estima que se necesitan 6.000 millones de euros, 345 millones de euros más de los que se estimaban a principios de año.

El PMA establece en su Clasificación de Seguridad Alimentaria hasta cinco fases según la gravedad de la situación y estas 45 millones de personas (que equivalen a la población total de España, Argentina, Ucrania o Sudán) se encuentran a punto de entrar en la cuarta fase: “estado de emergencia alimentaria” o “hambruna”. Se estima que hay más de 155 millones de personas en las fases más preocupantes (tercera, cuarta y quinta), 20 millones de personas más que en 2019.

En un momento en el que el coste de la asistencia humanitaria aumenta exponencialmente y se necesitan más fondos, la ayuda financiera es más importante que nunca. En palabras del director ejecutivo del PMA, David Beasley, estas familias “ya han agotado su capacidad para hacer frente al hambre extrema” y sus necesidades «superan con creces los recursos disponibles», ya que los flujos de financiación tradicionales están sobrecargados.

Estas personas en riesgo de inanición pertenecen a 43 países en los que las familias están tomando decisiones duras como alimentar a los niños sobre los adultos o saltarse comidas por completo. En algunos lugares, como sucede en Madagascar, la situación es incluso más extrema, algunas familias se ven obligadas a comer hojas silvestres o cactus para sobrevivir; otras deciden casar a sus hijos e hijas temprano, sacarlos de la escuela o, en los peores casos como ya ha pasado en Afganistán, venderlos en un intento desesperado por sobrevivir.

24 millones de afganos hambrientos

En su último informe la organización estimaba que 42 millones de personas se encontraban en esta situación, sin embargo, el término del conflicto afgano ha dejado a tres millones de personas más al borde de la inanición. Aunque a priori no parezca una gran diferencia, hay países como Jamaica, Puerto Rico o Lituania cuya población total no supera los tres millones de personas.

Beasley culpa al cambio climático, la COVID-19 y los conflictos entre países del incremento en el número de personas que padecen de hambre aguda. Según él mismo, la subida de precios de los alimentos se debe a que los costes de los combustibles se han disparado y, por tanto, «alimenta nuevas crisis como la que se está desarrollando en Afganistán, así como emergencias de larga duración como en Yemen y Siria».

Subraya que en Afganistán casi 24 millones de personas padecen hambre aguda y para poder ayudarlas se necesitarían 190 millones de euros al mes. Aunque el conflicto ha tenido un gran impacto, el país ya sufría de múltiples y devastadoras sequías y un colapso económico que empujaba a las familias al límite. Es más, casi nueve millones de afganos y afganas se encuentran en la fase de «emergencia» o «hambruna».

Otros lugares golpeados por el hambre

En Etiopía, donde más de 4,3 millones de personas se enfrentan al hambre aguda y 2,2 millones ya están en estado de emergencia, se necesitan 211 millones de euros. En lugares como el sur de Madagascar, donde el hambre severa afecta a más de 1,3 millones de personas y medio millón sufre hambruna, se requieren 59 millones de euros en los próximos seis meses.

En Sudán del Sur hay 7,2 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria grave, más de 1,4 millones se encuentran en situación de emergencia y 100.000 ya han pasado a la fase más alarmante: el estado de catástrofe. En este lugar el PMA afirma que necesita con urgencia 490 millones de euros para ayudar a estas personas.

Por otro lado, en Siria se estima que se precisan 605 millones de euros antes de febrero de 2022 para seguir apoyando a unos 5,8 millones de personas, y en Yemen, donde más de la mitad de la población se enfrenta a un hambre aguda, pide 693 millones de euros.

¿En qué consiste el Programa Mundial de Alimentos?

Esta organización se estableció en 1961 bajo petición del presidente Dwight Eisenhower como experimento para ofrecer ayuda alimentaria a personas en situación de necesidad. Después de tres años en experimentación, en 1965 se consagraba como programa de la ONU y desde entonces se ha convertido en su principal instrumento en pos de promover la seguridad alimentaria y acabar con el hambre.

El PMA se ha convertido en la organización humanitaria más grande del mundo y en 2019 ayudó a casi 100 millones de personas de 88 países víctimas de la escasez de agua y de alimentos. Hasta la fecha, 115,5 millones de personas de 84 países han recibido la asistencia de este programa. Sus esfuerzos en la lucha contra el hambre, su contribución en la mejora de las condiciones de paz en zonas conflictivas y su labor como motor impulsor en la prevención del uso del hambre como arma de guerra le llevaron a recibir en 2020 el Premio Nobel de la Paz. 

¿Cómo es la Clasificación de Seguridad Alimentaria?

Según su último informe publicado, hay hasta 811 millones de personas en todo el mundo sin una alimentación adecuada, de las cuales 155 millones de personas se encuentran en una situación alarmante (tercera, cuarta y quinta fase). El PMA establece cinco fases, ordenadas según su gravedad, para clasificar la coyuntura alimentaria mundial y ofrecer una solución acorde con la situación:

La primera fase la llaman «mínima» y se corresponde con un nivel de consumo aceptable y estable de más de 2100 kcal diarias por persona. Por otro lado, la segunda fase recibe el nombre de «estrés» y presenta un consumo mínimamente adecuado, es decir, es un consumo aceptable, pero que se está deteriorando.

Según la clasificación, desde la tercera fase y hasta la última la atención requerida es urgente. Por su parte, la tercera fase recibe el nombre de “crisis”, las personas que se encuentran en esta sufren de inseguridad alimentaria moderada y, por tanto, padecen desnutrición aguda o escasez de recursos.

“Emergencia” es la cuarta fase y estas personas se encuentran en un grado preocupante de desnutrición y mortalidad, se requiere acción urgente. Hasta mayo de este año 28 millones de personas se encontraban en esta fase, pero se estima que el número siga aumentando en los próximos meses. 

La quinta y más severa de las fases es “hambruna” o “catástrofe”, aquí ya la situación de inseguridad alimentaria es severa y la brecha alimentaria es extrema. Las personas que se encuentran en esta fase sufren de malnutrición crítica y escasez de otras necesidades básicas, llegando incluso a suponer su muerte. Según el último informe, 133.000 personas se encontraban en esta situación en mayo de 2021.

RTVE

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