«Eterna matriz de la conciencia rusa»: Dostoievski cumple 200

El 11 de noviembre se cumplen 200 años del nacimiento de Fiódor Dostoievski, autor de una de las mejores novelas rusas, quien se asomó a las profundidades inexploradas de la mente humana, combinó la descripción más realista de la vida cotidiana con la metafísica más sublime y predijo los giros de la historia del siglo XX y XXI.

El legado de Dostoievski es inmenso, pero hay un denominador común en sus textos y en su filosofía: un retorcimiento, un vaivén entre la santidad y la desvergüenza, un autodesprecio que roza el narcisismo, una oscuridad irracional que se arremolina bajo un rostro virtuoso. Los personajes de Dostoievski están unidos por sus sentimientos contradictorios, el sufrimiento y la perdición.

«Este ‘desequilibrio mental’ es universal: o bien es la matriz eterna de la conciencia rusa, o bien es un virus psíquico que el autor ha liberado de su laboratorio literario», explica Yuri Saprykin, uno de los periodistas rusos contemporáneos más destacados y fundador del proyecto Polka dedicado a la literatura rusa clásica.

«Antes de él todo en la vida rusa, en el pensamiento ruso, era simple. Hizo compleja nuestra alma, nuestra fe, nuestro arte», escribió el poeta ruso Viacheslav Ivanov un año antes de la Revolución.

¿Cuáles son los componentes de estacomplejidad que siguen definiendo la realidad rusa?

Tres cuartos de hora

El 22 de diciembre de 1849, Dostoievski y otros condenados por librepensamiento fueron llevados al patio de armas Semenovski Plaz en San Petersburgo y sentenciados a la pena de muerte. La brutal escena duró tres cuartos de hora: los condenados tenían los ojos vendados, los soldados preparaban sus fusiles. Luego un oficial leyó el decreto de indulto: la ejecución fue sustituida por trabajos forzados en Siberia.

El librepensamiento de Dostoievski consistió en leer en voz alta la carta de Belinski a Gogol, según la cual «Rusia no ve su salvación en el misticismo, ni en el ascetismo, ni en el pietismo, sino en los logros de la civilización, la ilustración y la humanidad». 10 años después, Dostoievski criticará los valores europeos, discutiendo el destino especial de Rusia y la salvación en la transformación religiosa del alma humana más que en la reorganización social.

El periodismo liberal suele ver la historia de Dostoievski como un síndrome de Estocolmo: el sufrimiento es más fácil de soportar si uno ve en él una verdad superior y celebra a sus propios atormentadores. Pasar de chocar con lo básico a afirmarlo sinceramente requiere experimentar un estado límite, una experiencia extrema.

Este patrón se repite en el siglo XX en una variedad de destinos: marxistas de 1905, hedonistas del rock ‘n’ roll, artistas postmodernos – cada uno de ellos en su hora hace crecer su barba y comienza a predicar el reino de Dios, habiendo sobrevivido a la guerra, la prisión, la enfermedad o simplemente llevándose a sí mismo a un punto por medios improvisados. El camino hacia el conservadurismo pasa por el encuentro con la muerte. La inexorabilidad de este giro hace ver detrás de él una especie de giro de conciencia específicamente ruso —a diferencia de los que se enumeran a continuación—, no inventado por Dostoievski, pero claramente manifestado en su propio destino.

Criatura temblorosa

Un hombre que mata para ponerse a prueba, para elevarse a un nuevo nivel «por encima de lo humano»: esta figura vuelve a la literatura a principios del siglo XX y permanece durante mucho tiempo.

A partir de los años 1920, individuos fuertes que no se detendrían ante el asesinato en aras de alcanzar fines más elevados se convertirían en figuras clave, no tanto en la literatura sino en la política — no es casualidad que Camus llamara a Dostoievski un verdadero profeta del siglo XX. La profecía sigue funcionando hoy en día, habiendo descendido al nivel doméstico y despojado de su sustento ideológico: las palabras «Raskolnikov contemporáneo» en Google aún hoy traen decenas de noticias sobre cómo «un estudiante mató a una jubilada y le quitó 300 rublos».

Otro rasgo típico de las obras de Dostoievski es la tendencia a dotar de una base metafísica a los impulsos destructivos: en casi todas las historias cuando un adolescente se lanza con un rifle al colegio se declara dios; el moderno Raskolnikov no oculta estos pensamientos, sino que los publica inmediatamente en Instagram.

Casa muerta

Dostoievski regresa de Siberia con las Memorias de la casa muerta: un modelo de cautiverio ruso (y su descripción) para el resto de los tiempos. La prisión es la otra cara de la libertad; ambas, como la vida y la muerte rusas, están separadas por una línea convencional y fácilmente permeable.

La Navidad en la Casa muerta de Konstantin Pomerantsev, la primera ilustración de las Memorias de la casa muerta en la vida de Dostoievski - Sputnik Mundo, 1920, 10.11.2021
«La Navidad en la Casa muerta» de Konstantin Pomerantsev, la primera ilustración de las Memorias de la casa muerta en la vida de Dostoievski.

Las Memorias comienzan con una imagen de la vida libre, que se revela al prisionero a través de una brecha en la valla; un siglo después, la misma valla aparecerá en el primer capítulo de El archipiélago del Gulag. La cárcel es un crisol donde se mezclan la aristocracia, la intelectualidad y el plebe; un lugar donde el escritor se encuentra con el pueblo (o el pueblo se encuentra con él mismo), estudia su charla, comprende su crueldad y su sabiduría, ve cuántas naciones, verdades y creencias hay en ella. La cárcel es un territorio de trabajo esclavo sin sentido («el trabajo duro es incomparablemente más doloroso que cualquier trabajo libre, precisamente porque es forzado»), y a veces un trabajo, en el que la vida encuentra de repente un sentido – «un trabajador duro a veces incluso se deja llevar por él, quiere hacerlo más hábilmente, más rápidamente, mejor»; igualmente Iván Denisovich, llevado por la albañilería, se olvidará de las penurias de la prisión. La cárcel es un lugar en el que, contra todo pronóstico, surgen destellos de humanidad, un sufrimiento que puede destruir pero también elevar.

La lágrima de un niño

El argumento que Iván Karamazov utilizó en la disputa con su hermano Aliosha, es capaz no sólo de destruir la «armonía suprema» de la que hablan los hermanos: el sufrimiento de una criatura indefensa es el valor ético supremo, algo totalmente inaceptable e injustificable. Una vez que el niño está en la vía en el conocido «problema del vagón», el que se enfrenta al dilema no tiene más remedio que descarrilar el tren o subirse él mismo a la vía a cualquier precio.

La lágrima de un niño es también una prueba universal de empatía. La idea de que los niños están sufriendo en algún lugar cercano ha dado lugar a muchos hechos nobles, desde los comités de ayuda contra el hambre en la década de 1920, hasta la Fundación Gift of Life en la década de 2000, y ha salvado a millones de niños muy reales del sufrimiento real.

Una escena de Los hermanos Karamázov en las paredes de la estación de metro Dostoievskaya de Moscú, abierta en 2010 - Sputnik Mundo, 1920, 10.11.2021
Una escena de Los hermanos Karamázov en las paredes de la estación de metro Dostoievskaya de Moscú, abierta en 2010.

La apelación a la lágrima de un niño salva vidas, pero tiene su propio poder destructivo. La lágrima, una vez sacada del texto de Los hermanos Karamázov y trasladada del ámbito de la argumentación teológica al de la retórica política, se convierte en un instrumento irreprochable de manipulación. Una foto de un niño moribundo en los medios de comunicación tiene el poder de dar un vuelco a la sociedad, cambiar el rumbo político, empezar o terminar una guerra.

La misteriosa alma rusa

Todo lo contradictorio y extremo en los caracteres de los personajes de Dostoievski puede explicarse por circunstancias puramente biográficas: un padre cruel y una madre cariñosa, una sensibilidad exacerbada y un ego pellizcado, un simulacro de ejecución, la experiencia brutal de los trabajos forzados, la muerte de su hermano, deudas truculentas, un juego maníaco de la ruleta. Los extremos y abismos metafísicos están, como siempre, enraizados en lo más mundano de la vida cotidiana.

La «misteriosa alma rusa», según Dostoievski, es muy posiblemente un autorretrato.

La expresión «misteriosa alma rusa» no se encuentra en ninguna obra de Dostoievski; posiblemente, fue introducida a finales del siglo XIX por los críticos británicos y franceses, precisamente en relación con Dostoievski, que había sido traducido a las lenguas europeas. La misteriosa alma rusa es una visión exterior de Rusia, que la dota de todas las características del Otro: es peligrosa e imprevisible. El «misterio», a los ojos de Occidente, justifica el distanciamiento político, concluye Saprykin.

Una chica lee un libro en la estación de metro Dostoievskaya de Moscú, abierta en 2010 - Sputnik Mundo, 1920, 10.11.2021
Una chica lee un libro en la estación de metro Dostoievskaya de Moscú, abierta en 2010.

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