Boda entre rejas de Julian Assange

 Julian Assange ha obtenido el permiso necesario para casarse en la cárcel londinense de Belmarsh, tras ganar un pulso legal y mediático a las autoridades británicas y sus aliados estadounidenses, que le acusan de desvelar aparentes crímenes de guerra a través de la plataforma informativa WikiLeaks

Por Lourdes Gómez*

«¡Esperamos casarnos antes de 2022!», comunicó Stella Moris en su cuenta de Twitter. La prometida de Assange confirmó en este y otros mensajes el éxito de su última pelea legal, burocrática y mediática para hacer valer el mutuo derecho a entablar matrimonio y fundar una familia, aunque un cónyuge esté encarcelado.

LONDRES CEDE FINALMENTE

Abogada de formación, de herencia hispano-cubana, transmitió la «buena noticia» junto a una fotografía en que ambos miran a la cámara, sonrientes y abrazados, en alguna calle de Londres. Un arcoiris enmarca la escena, que se captó antes de que nacieran sus dos hijos, Gabriel y Max, en los años cuando Assange vivía refugiado en la Embajada de Ecuador, en la capital británica.

«El Gobierno británico ha reculado 24 horas antes del plazo límite. Julián y yo tenemos ahora permiso para casarnos en la cárcel de Belmarsh», añadió Moris en el tuit. En este penal de alta seguridad de Londres, el llamado Guantánamo inglés, sigue recluido Assange mientras la Justicia británica decide si acepta o rechaza la solicitud de extradición emitida por Estados Unidos.

Lleva más de dos años preso sin cargos de la Policía ni la Fiscalía del Reino Unido y con la sentencia en su favor dictada en primera instancia, el pasado enero. La magistrada de la corte de Westminster, Vanessa Baraitser, bloqueó la entrega a Washington del fundador de WikiLeaks en base al «riesgo sustancial» de que pueda suicidarse en una cárcel estadounidense.

RIESGO DE FUGA

La jueza, no obstante, denegó la libertad condicional al periodista, editor e informático australiano. Consideró que podría darse a la fuga si EEUU ganara el recurso contra su decisión. La apelación se escuchó en octubre, en dos intensas jornadas de alegatos ante el Alto Tribunal, y está lista para sentencia en una fecha aún incierta.

La legislación británica exige a los directores de prisión «hacer todos los esfuerzos posibles para facilitar el derecho del recluso a ejercitar su derecho a casarse». La Convención Europea de Derechos Humanos, que Reino Unido incorporó a su canon legal, ampara el matrimonio y la vida familiar de todos los ciudadanos.

Moris está, precisamente, especializada en derechos y libertades humanos. Y tuvo que amenazar con interponer sendas querellas contra el Gobierno y el directorado de prisiones para finalmente obtener la licencia que le permitirá decir el «sí quiero» a su prometido, ante testigos y oficiales. «Estoy aliviada pero todavía furiosa de que la acción legal fuera necesaria para detener la ilícita interferencia en nuestro derecho básico a casarnos», denunció por Twitter.

La pareja se conoció en 2011, cuando Assange se enfrentaba a la petición de extradición de Suecia para ser interrogado por denuncias de abuso sexual, que él siempre ha negado y que finalmente se desestimaron. La ahora madre de sus dos hijos pequeños, que habla sueco y español, además de inglés, fue contratada entonces por el equipo legal internacional del australiano.

PRIVACIDAD Y SEGURIDAD

De la amistad al noviazgo y la semilla familiar. La relación sentimental y nueva paternidad del reclamado por la Justicia estadounidense no se hizo pública hasta el año pasado y esa discreción inicial se tornó en su contra en el juicio de apelación. Fue una razón de peso que blandió el representante legal de Washington al intentar desacreditar al eminente siquiatra que diagnosticó el riesgo de suicidio en su primer informe como testigo de la defensa.

La omisión de que Assange tenía dos hijos «concebidos en la embajada» debería anular dicho testimonio médico, según argumentó el abogado fiscal. La parte contraria respondió que fue una algo temporal y necesario para proteger la seguridad y privacidad de Moris y sus niños.

La boda podría celebrarse antes de final de año, si los planes avanzan al ritmo deseado por los novios. Corresponde a la gobernadora de Belmarsh, Jenny Louis, valorar los requisitos de seguridad y dar el visto bueno a los invitados con acceso para asistir a la modesta ceremonia en el penal del sureste de Inglaterra. Por lo pronto está garantizada la presencia de dos testigos en un enlace matrimonial que sus protagonistas desean contraer desde hace meses, sino años, según ha confesado la inminente señora de Assange.

*Sputnik

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