La historia de los niños que crecieron entre dos patrias

«La mayor operación de evacuación de menores no acompañados de la historia moderna», así define el escritor español Pablo Fernández-Miranda la salida de 37.000 niños en el contexto de la Guerra Civil española (1936-1939).

Su destino mayoritario, por cercanía, fue Francia, pero también viajaron a Bélgica, Inglaterra, México y 3.000 de ellos a lo que entonces era la Unión Soviética.

Uno de esos niños fue Tino, el padre de Fernández-Miranda que estos días presenta la novela «Dos patrias», sobre el viaje de vuelta que emprendieron algunos de estos pequeños, ya entrados en la edad adulta, y que no fue como habían soñado.

LA HISTORIA DE TINO

«Dos patrias» es la continuación de «Pisaré sus calles nuevamente», en la que este escritor narra la historia de su padre, que con 11 años salió de su casa en Oviedo, la capital de la región española de Asturias, para ir a un campamento de la cercana localidad de Avilés, donde le sorprendió el estallido de la contienda civil española.

A partir de ahí, un periplo en barco, dejando atrás su país natal y encontrándose con esa otra patria, como la califica el autor, que los acoge y los forma.

«A través del hilo conductor de mi padre, hablo de ellos, de lo que les va pasando, de las relaciones que se establecen entre ese colectivo. En la adolescencia y sin familia, salvo con sus maestros que son sus tutores y para ellos son su familia, entre ellos se tratan como hermanos. Se vinculan mucho», explica Fernández-Miranda.

En este segundo trabajo sobre el tema, el autor no abandona la figura del maestro en Educación Física Celestino Fernández-Miranda, el pionero de un grupo inicial que regresa a España en 1942, tras caer prisionero de los nazis en el frente de Karelia, donde combatía voluntario junto al Ejército Rojo y tras pasar por un campo de concentración en Finlandia.

«A través de mi padre, hablo de qué les ocurre a ese primer grupo que regresa y también de los que se quedan allí en la URSS. Es una novela coral, que no se limita a mi padre», explica Fernández-Miranda.

LA DURA REALIDAD ESPAÑOLA

Celestino Fernández-Miranda volvió en el año 1942 a su Oviedo natal, tan solo seis años después de haberse tenido que ir, a punto de alcanzar la mayoría de edad y con la maestría en Educación Física bajo el brazo.

«Sin embargo -explica su hijo- nunca le reconocieron los estudios. Tuvo que volver a sacarse los títulos. Desde que llegó hasta 1955 no consiguió un trabajo estable y tuvo que huir de Oviedo a Madrid, porque estaba perseguido», explica.

Fernández-Miranda utiliza una recurso narrativo para, a través de la lectura de una serie de cartas, contar múltiples historias de este colectivo.

«El reencuentro fue muy duro para la inmensa mayoría. A muchos no les reconocen sus estudios o tardaron mucho en hacerlo. Muchas mujeres que regresan siendo filólogas, profesoras, ingenieras, vuelven a sus aldeas y se encuentran con el analfabetismo de sus vecinos», explica el autor sobre un colectivo que fue principalmente numeroso en el año 1956, dado que el grupo inicial que había regresado alrededor del año 42 era muy reducido.

Según sus cálculos, en 1956 regresaron 2.614 españoles de Rusia, de los que unos 1.100 eran los originales «niños de la guerra», el resto de este grupo lo componían sus cónyuges e hijos y algunos exiliados más de la Guerra Civil.

Una de las historias, la mayoría reales como esta, que aparecen en la novela ocurre en el año 1961. Explica el autor de «Dos Patrias» en conversación con la agencia Sputnik que se produce en ese momento una operación represiva hacia una decena de ellos por parte de las fuerzas del régimen franquista, bajo la acusación de estar vinculados al Partido Comunista.

Este movimiento da como resultado una reacción de solidaridad, que incluso traspasa las fronteras españolas, y que lleva a formular una denuncia por parte de 200 de los regresados que llama la atención sobre el incumplimiento de los convenios internacionales bajo los que habían regresado a su país y que les garantizaban una integración digna en la sociedad española, como por ejemplo el reconocimiento de sus títulos académicos.

«Esto es también respondido con represión, detenciones y hostigamiento por parte de las autoridades. La consecuencia -acaba resumiendo Fernández-Miranda- es que para el año 1961 más de un tercio de lo que volvieron a España acaba estableciéndose de nuevo en la Unión Soviética», concluye sobre este asunto.

Este hecho quizá encierre la esencia de este colectivo de niños que pasaron su infancia alejados de su familia y su país, y que encontraron en otro territorio la que sería ya para el resto de su vida una de sus «Dos patrias».

Sputnik

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