África refleja el declive internacional de EEUU

África es el mejor ejemplo del declive de la influencia internacional de Estados Unidos. El presidente norteamericano, Joe Biden, quiere recuperar el terreno perdido en un continente afectado por la covid, golpes de Estado, guerras étnicas y corrupción, donde sus rivales ganan peso día a día.

Por Luis Rivas*

Para la Administración Biden era urgente volver a poner un pie en África. De ahí la importancia de la iniciada gira africana del jefe de la diplomacia norteamericana, Antony Blinken. Aplazada por la pandemia y la debacle en Afganistán. El momento, sin embargo, es delicado si EEUU pretende, como declaran oficialmente sus responsables de Exteriores, «revitalizar la democracia» en esa región del planeta.

Cuatro golpes de Estado ha vivido África en 2021: Chad, Mali, Sudán y Guinea. El «milagro etíope» se ha tornado en guerra civil y el avance del terrorismo islámico desestabiliza el continente por los cuatro puntos cardinales.

«REVITALIZAR LA DEMOCRACIA»

Etiopía ha representado hasta este otoño un ejemplo de lo que Occidente presenta como un ejemplo de democracia y desarrollo. El primer ministro, Abiy Ahmed, en el cargo desde 2018, firmó la paz con la vecina Eritrea y fue premiado con el Nobel de la Paz en 2019. Pocos meses más tarde, anuló la autonomía de la región de Tigray y aplazó las elecciones previstas para 2020. Dos millones de desplazados, miles de muertos, un ejército dividido y los combatientes del Frente Popular de Liberación de Tigray a menos de 200 kilómetros de la capital es el resultado de una gestión calamitosa que puede desestabilizar toda la zona del llamado Cuerno de África.

Es precisamente en la vecina Kenia donde inició su periplo Blinken. El presidente del país, Uhuru Kenyatta, fue el primer dirigente africano en ser recibido por Biden en la Casa Blanca. Washington apuesta ahora por su otro histórico aliado, en sustitución de Etiopía.

El dilema para Estados Unidos es que su ayuda financiera y militar está condicionada teóricamente por el respeto de los derechos humanos y la lucha contra la corrupción de los gobiernos locales. El Congreso puede echar abajo cualquier iniciativa y así, el Gobierno de Biden ha sancionado con la congelación de 700 millones de dólares destinados a Sudán, tras el golpe militar que ha frustrado la euforia popular que en 2019 obtuvo el fin de la dictadura de Omar al-Bashir en lo que se conoció como «la primavera sudanesa».

ALIADOS BAJO SOSPECHA

Pero la presión de la diplomacia de EEUU se desinfla cuando, como en el caso de Kenia, apoya a un dirigente sospechoso de desviar millones de dólares al exterior, ser acusado de violación de los derechos humanos o preparar unas elecciones trucadas para el año que viene. Para nadie es un secreto que cada cita con las urnas en muchos países africanos supone un riesgo de enfrentamientos que acaban en muertes, especialmente de miembros de la oposición.

Algo parecido ocurre en la última etapa de la gira de Blinken, Nigeria. Para favorecer el clima de diálogo, Estados Unidos eliminó al gigante africano de la lista de países donde se persiguen las creencias religiosas. Una iniciativa que no calmará completamente al gobierno de Lagos, privado por Estados Unidos de los helicópteros prometidos por insuficiente respeto a los derechos humanos, en un país acosado por las guerrillas islamistas.

El programa de cooperación comercial de Estados Unidos dedicada a países subsaharianos, la ley AGOA (African Growth and Opportunity Act), que permite el acceso al mercado norteamericano de más de 5.000 productos del área, finalizará en 2025. La opinión pública norteamericana y sus representantes políticos no son muy favorables a los acuerdos de libre comercio, por lo que Biden tendrá muchas dificultades en renovar o ampliar la ley. Eso, si él mismo la apoya, lo que no parece tan claro.

CHINA, RUSIA, TURQUÍA…

El declive del ascendiente de EEUU sobre África en los últimos años ha ido en paralelo al aumento del interés de otras potencias en ese continente. Hablar de la penetración económica china es ya un tópico. Pero, además del país asiático, Rusia, Turquía y ciertas petromonarquías del Golfo (Emiratos Árabes Unidos y Catar) han desplegado su influencia en África –y más precisamente en el este de África–, traducida en contratos económicos, militares o de seguridad.

Ciertos analistas justifican la pérdida de peso de Washington y sus aliados europeos asegurando que sus competidores no exigen cuentas ante asonadas militares o irrespeto de los derechos humanos.

La realidad les contradice. Entre los golpes militares vividos en África en 2021, hay dos ejemplos, Mali y Chad, que no han evitado la continuidad de relaciones con Francia, su principal aliado, y con otros países comunitarios.

Los mismos analistas obvian que la población civil se une, en muchos casos, en apoyo a los uniformados, harta de la incompetencia y la ambición personal de dirigentes políticos corruptos.

*Sputnik

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