De Ciudad de Dios a la escuela del Bolshoi: sueño de bailarines cariocas hecho realidad

Cambiar los violentos callejones de la favela de Ciudad de Dios en Río de Janeiro por la escuela del prestigioso Teatro Bolhsoi de Moscú es lo que harán dos jovencísimos bailarines cariocas, que acaban de ser seleccionados para formarse en las salas que la prestigiosa institución rusa tiene en Brasil.

«Estoy muy feliz, no me lo creo todavía, es una emoción enorme, un sueño que tenía desde pequeña», comentaba a la Agencia Spuntik una de las seleccionadas, Ana Luísa de Araújo Oliveira, de 11 años, pocas horas después de recibir la noticia.

De un millar de candidatos de todo el país, ella está entre los 170 niños que se mudarán a Joinville (en el estado de Santa Catarina, en el sur brasileño), donde el Bolshoi tiene una escuela de formación, la única fuera de Rusia.

Su vida dará un giro radical, como asume su madre, Fernanda de Araújo: «Hemos vivido momentos de mucha emoción, muchas lágrimas, mucho nerviosismo, es un cambio muy grande… cuando llegas a la escuela del Bolshoi y ves la estructura gigantesca que tienen impresiona», dice.

La madre de la pequeña artista trabaja como cajera en una droguería, y si no fuera por el proyecto social Arteiros, que ayudó a pagar las clases de la niña, nada hubiera sido posible. El ballet es una danza «muy elitista», dice, y suele ser un sueño imposible para quien crece dentro de una favela.

DIAMANTES EN BRUTO

Otro que hará su sueño realidad es Pedro Victor Periald de Souza Lima. Tiene ocho años y empezó a bailar hace apenas cuatro meses, tras romper el tabú y entender que los niños también bailan ballet. Su experiencia puede parecer mínima, pero es que el Bolshoi no busca a pequeños genios, sino «diamantes en bruto», niños con unas nociones básicas que puedan aprender el método sin vicios ni manías.

El criterio está más en la postura, la musculatura y la rotación de las articulaciones que en la destreza en sí. «Ellos los quieren cuanto más crudos mejor», explica la madre, Dinie Cavalcante. Tampoco se imaginaba que su hijo acabaría en la escuela de ese templo de la cultura rusa.

«Aquí (en la favela de Ciudad de Dios) tenemos una rutina de violencia. A veces por un tiroteo no puedes salir de casa», dice, y asegura que sólo tuvo noción de la «grandiosidad» del Bolshoi cuando visitó las instalaciones en Joinville.

«Ves en la expresión de cada profesional, de cada niño, que cargan un peso. El nombre del Bolshoi es un legado, eso es de suma importancia, que mi hijo absorba esa idea del legado de la institución. La escuela Bolshoi no quiere crear solamente buenos bailarines, quiere hacer buenos ciudadanos para el mundo», enfatizó.

Los niños seleccionados por la escuela del Bolshoi recibirán una beca durante los ocho años en que, si lo desean y cumplen con las expectativas, se formarán en Joinville. El centro corre con todos los gastos e incluso adjudica un tutor para las familias que no puedan mudarse a la ciudad.

El Teatro Bolshoi de Moscú, fundado en 1776, es una de las principales compañías de ballet y de ópera del mundo, y su sala es considerada patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Actualmente el teatro posee cuatro brasileños en su compañía profesional, tres de ellos formados por la escuela del Bolshoi en Brasil: Bruna Gaglianone, Erick Swolkin y Mariana Gomes.

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