EDITORIAL. A propósito de la crisis migratoria en la frontera de Polonia con Bielorrusia

Los grandes medios occidentales (prensa, TV…) vienen modulando un mensaje noticioso sobre el fenómeno de la migración hacia Europa, esta vez no tan al sur del continente.

Según la machacona maquinaria mediática, un país, Bielorrusia, y, cómo no, con la anuencia de otro: Rusia, está detrás de esta nueva crisis migratoria.

Los migrantes que se encuentran en la frontera polaca-bielorrusa son alrededor de 3.000 personas que intentan cruzar la frontera polaca con el objetivo de continuar su marcha hacia Alemania.

La respuesta de Polonia ante esta coyuntura es el envío de miles de militares en un total desprecio por la dignidad humana de los migrantes: se les reprime con el uso de cañones de agua y gases que contienen sustancias tóxicas, e incluso con sobrevuelos de helicópteros a poca altura. No han tenido piedad ni siquiera con las mujeres embarazadas y los niños en su actitud represiva.

Por su parte, Bielorrusia, país de tránsito para esta migración, entrega cerca de 8 toneladas de alimentos a diario. Cada paquete alimenticio contiene 2 litros de leche, pan, frutas, salchicha, carne enlatada, pescado enlatado, puré instantáneo y dulces.  Ha establecido un centro de atención a los migrantes en la frontera que el país eslavo comparte con Polonia, para paliar las frías e insufribles condiciones climáticas en los límites fronterizos de ambos Estados. Ofrece vuelos gratuitos, con la operadora aérea nacional Belavia, para que aquellos migrantes que lo acepten regresen a sus países de origen en condiciones seguras y dignas, Y a pesar de todo ello, la gran prensa occidental señala al «Régimen», así lo definen, de Lukashenko, como culpable de este drama humano.

Por su parte, la Unión Europea se ve en la tesitura de rechazar, una vez más, a miles de personas (hombres, mujeres y niños) que esta vez huyen principalmente desde Irak y Afganistán como resultado de las consecuencias de la guerra que EEUU ha desarrollado en esos países con la colaboración militar europea, y cuyo fin, dijeron, era llevar a aquellas poblaciones democracia, libertad y prosperidad. 

En todo esto, nuevamente hay un leitmotiv que navega en todo el discurso mediatico: la retórica antirrusa. Un nuevo pretexto para desprestigiar a Putin y a su Gobierno ante la opinión pública occidental.

Los migrantes se hallan en condiciones de absoluta vulnerabilidad; tienen la voluntad de no volver a sus países de origen. La crisis migratoria debe ser asumida con verdadera responsabilidad y con suficiente compromiso por los líderes de la Unión Europea, pues lo que está de por medio es la vida de seres humanos que huyen de la guerra, la pobreza y el hambre.

Es lo mismo que está ocurriendo en las fronteras de Grecia, España, Italia o Francia. La migración es global y va a continuar, entre otras causas, por las irresponsables políticas de Occidente en África y Oriente Medio, agravadas por la pandemia y el cambio climático.

En muros y vallas de alambre no está la solución, ni en culpabilizar a Rusia de todo. Ahora, y en primer lugar, Europa debe respetar y aplicar los derechos humanos que incorporó, en su momento, a su ordenamiento jurídico y que tanto exige a otros Estados.

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