Hartazgo

Estoy cansado, aburrido, harto de escuchar las sandeces (simplezas, despropósitos, necedades) del ciudadano Carlos Carrizosa sobre cualquiera de sus múltiples ocurrencias. Y es que sea lo que sea, cuando emite  sonidos verbales más o menos articulados, desvaría; el significado es estúpido y el significante chirriante. Y no me refiero a los rifirrafes del repetitivo juego político entre tirios y troyanos. Éste es un ámbito reservado a los que viven, como él, de la “menjadora” en que se ha convertido el Estado, ámbito que como contribuyente me produce un singular rechazo.

Por Alfonso Durán Pich*

*https://www.alfdurancorner.com/

Me quedo con sus disquisiciones sobre los catalanes y su altanera defensa de lo que él considera “la mayoría”, que en este caso no es silenciosa, ya que como autodesignado representante de ese colectivo, no es precisamente un ejemplo de “Smith, el silencioso”.

Parece que el señor Carrizosa estudió Derecho y se colegió como abogado, aunque ya lleva mucho tiempo viviendo de los Presupuestos Generales del Estado. Es, como se decía en mi época de bachiller, de “letras”, lo que le orienta hacia un tipo de lectura de la realidad donde lo subjetivo-emotivo se impone sin recato. Esto explica sus constantes dislates, como la reciente comparación de la cruel dictadura franquista (“hable usted en cristiano”) con el govern de la Generalitat, cuando éste (muy, pero que muy tímidamente) defiende la lengua catalana en Catalunya (no en la Rioja) como lengua prioritaria.

Los medios de comunicación convencionales, con su manifiesta mediocridad, comentan las lindezas del señor Carrizosa y lo describen como un político “liberal”. Como simple acotación, esta calificación también me produce hartazgo y es un insulto a John Locke, a Adam Smith, a David Ricardo, a Charles Louis de Secondat y a otros muchos que tejieron las bases del pensamiento liberal, pensamiento que está muy lejos, en las antípodas, de esa tropa organizada con la única voluntad de atacar a una nación y a un pueblo que perdió su soberanía en 1714 y que desde entonces está sometido al autoritarismo absolutista del Estado. Si algo tiene “Ciudadanos” es que es un movimiento reaccionario y como tal contrario a las libertades. El señor Carrizosa (don Carlos) ha de ser consciente de que forma parte del ejército de ocupación y en ese ejército no hay liberales.

El señor Carrizosa debería saber que los colectivos humanos pueden agruparse de distintas maneras. Sexo, edad, ocupación, renta disponible y hábitat son algunas de ellas. In extenso incluiríamos criterios sociológicos, económicos, geográficos, psicográficos, etc. En los estudios de Marketing (los rigurosos) se utilizan distintas variables cruzadas que permiten una más ajustada segmentación.

En el caso de Catalunya y en el terreno de pertenencia (“a sense of belonging sería una mejor definición) hay dos grupos diferenciados entre la población que vive y trabaja aquí. Los que se sienten catalanes, genuinamente catalanes, porque quieren serlo (la voluntat  d’ésser” que decía el maestro Vicens Vives) y no se sienten españoles, y los que tienen un sentido de pertenencia distinto: se sienten españoles. Luego están los “tramposos” (mitad y mitad) que creen que son españoles y catalanes a la vez, una actitud pequeño burguesa de los que nunca se comprometen y hacen lo imposible para escurrir el bulto.

Que se haya nacido o no en Catalunya no es relevante. Que hablen o escriban bien en catalán, tampoco lo es. Es cierto que la probabilidad (que es de Ciencias) matiza lo anterior.

No hay buenos y malos catalanes. En Catalunya hay españoles y catalanes. ¿Cuántos hay de los primeros y cuántos de los segundos? No se sabe. Solo las urnas nos lo pueden decir. Lo que sí se presume (de nuevo la teoría de las probabilidades) es que la mayoría de los votantes del PSOE, de Ciudadanos y de En Comú Podem se sienten (belonging) españoles; y que la totalidad de los votantes del PP y de sus asociados a la derecha también se sienten así. De la misma forma se presume que la mayoría de los votantes de Junts per Catalunya, de ERC y de la CUP se sienten (belonging) catalanes. De ahí puede derivarse que los primeros están contra la independencia de Catalunya, y los segundos a favor. Otra cosa es que los líderes de estos últimos tengan un programa de acción para llevar a la práctica su voluntad política.

Y de la misma forma en que yo me siento catalán y nada más, me parece muy lícito sentirse español y nada más. El respeto a la otredad forma parte de la civilización. Pero no nos engañemos: o lo uno o lo otro.

El señor Carrizosa y sus “followers” deberían tomarse unos años de “cuarentena” para reciclarse un poco, aunque vista su trayectoria tengo serias dudas sobre su capacidad para restaurar el equilibrio homeostático.

Yo les recomiendo, como terapia de grupo, que en sus plegarias matinales incluyan la vieja reflexión que dice: “No rompas el silencio si no es para mejorarlo”.

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