«Trickle Down» Economics

“economía del goteo”, que la física nos dice que siempre va de arriba abajo. En esencia la teoría defiende que las rebajas fiscales y otros tipos de ayudas a las corporaciones y a los muy ricos, acabarán beneficiando al conjunto de la sociedad. Se argumenta que ese excedente retenido por las empresas, los inversores y los emprendedores exitosos, estimulará el crecimiento económico. La teoría, sin base empírica que la fundamente, opera con dos hipótesis de partida: la primera es que todos los miembros de la sociedad salen beneficiados cuando la economía crece; la segunda es que es más que probable que ese crecimiento proceda de aquellos con recursos y habilidades que permitan incrementar la productividad del sistema.

Por Alfonso Durán Pich*

*https://www.alfdurancorner.com

El discurso resulta agradable en un mundo idealizado, pero los hechos –siempre los hechos–  le dejan poco espacio si lo contrastas con la realidad.

La “economía del goteo” fue la respuesta del neoconservadurismo anglosajón a la etapa dominada por el pensamiento keynesiano, etapa considerada como “los años dorados” del Capitalismo en Estados Unidos, que supuso el asentamiento de una clase media, la reducción de las desigualdades económicas y sociales, y un crecimiento sostenible que parecía no tener fin (1946-1973). El abandono del patrón oro y las sucesivas crisis del petróleo pusieron fin a aquella etapa y los lobbies apostaron interesadamente por la “supply-side economics” (economía de la oferta), que defendía bajar los impuestos (sobre todo el marginal a las rentas más altas y el de sociedades) y limitar el poder regulador del Estado. El “trickle down” era una herramienta más.

Como hay que vender bien la mercancía para que el pueblo la compre de forma natural, se inventaron la leyenda de la “curva de Laffer”, dibujada sobre una servilleta de papel en presencia del presidente Reagan, curva que en principio expresaba una obviedad: que si la carga impositiva sobre los ingresos personales es muy elevada, los ciudadanos no se sienten incentivados para trabajar y ganar más dinero. Luego, hay que bajar los impuestos y entonces todos ganarán más y aumentará el número de contribuyentes. La cuestión técnica es averiguar dónde está el límite a todo ello. Lo cierto es que al final del Reaganomics (la política económica desarrollada bajo la presidencia de Ronald Reagan), el país estaba más endeudado que nunca.

Y ahora regresemos a la realidad y comprobemos que ha pasado. En diciembre del 2020, dos profesores de la London School of Economics (David Hope y Julian Limberg) presentaron un estudio para describir los resultados de ese enfoque en dieciocho de las naciones más ricas del mundo, en las que durante cuarenta años se habían aplicado las fórmulas citadas. Y su conclusión fue definitiva: todo ello había beneficiado de forma consistente a los más ricos, pero no había tenido el mínimo efecto sobre el desempleo ni sobre el crecimiento económico.

Y como remate acaba de publicarse el “World Inequality Report 2022”, que cuenta con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El informe, un trabajo de investigación del World Inequality Lab, está dirigido por Lucas Chancel y un equipo coordinador formado por Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, todos ellos figuras sobresalientes del pensamiento económico actual. Sus conclusiones son devastadoras, tanto en términos de ingresos como en términos de riqueza. Se puede decir que en todo el mundo (con la excepción de la antes llamada Europa Occidental) los ingresos sumados del 50% de la población son inferiores al 15% del total de ingresos, cayendo los de Latinoamérica y los de la África subsahariana al 10%. Como contraste, los ingresos sumados del 10% más rico alcanzan el 40% del total. Y si nos centramos en la riqueza (valor de los bienes acumulados) los resultados son todavía más llamativos. El patrimonio sumado del primer 50% es inferior al 2% del total, en tanto que el del 10% más rico controla el 76% de la riqueza.  Y lo que es peor, los indicadores marcan una tendencia que no parece tener freno.

Y no olvidemos que en nuestra sociedad tener dinero es tener poder e influencia. Y como la revolución ya no está de moda y los políticos en ejercicio forman parte del Establishment y son meros ejecutores del poder real, sabemos que se limitarán a aplicar las recetas del manual de uso que les han entregado al aceptar el cargo. Vamos mal.

Y que conste que yo solo estoy a favor de la igualdad ante la ley (si ésta es justa) y de la igualdad de oportunidades (para que la sociedad aproveche el talento, esté donde esté). No se trata de que todos tengan lo mismo (igualdad) sino de que todos tengan acceso a lo que necesitan (equidad) para que puedan aspirar a lo mismo que los demás. Pero como esto último es muy difícil de dimensionar, nos quedamos con la desigualdad, que sí es cuantificable.

Concluyamos pues que el “trickle down” economics es un cuento chino, de los de antes de Deng XiaoPing.

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