Pueblo Presidente: la estrategia que desde 2007 sostiene a Ortega en el poder en Nicaragua

Daniel Ortega Saavedra asume este lunes su cuarto período presidencial consecutivo en Nicaragua con muchas luces y menos sombras: el respaldo de 76 por ciento de 4,4 millones de personas habilitadas para votar, el cierre extraordinario de la actividad económica con un crecimiento de nueve por ciento y la transformación social que revirtió el lastre de la nación «pobre altamente endeudada» a un país en desarrollo medio.

La juramentación del mandatario será «acuerpada» por las estructuras que forman parte de su modelo participativo, visibilizado en barrios y comunidades rurales, cuyos protagonistas serán juramentados en transmisión simultánea en cada uno de los 153 municipios que forman la nación centroamericana.

DEMOCRACIA PROTAGÓNICA Y PARTICIPATIVA

«Trabajo, paz y bien común, en un modelo que es de democracia protagonista, fraternal, complementaria, solidaria, en un modelo de democracia donde el pueblo es presidente, es lo que vamos a reconfirmar y ratificar ya solemnemente el próximo 10 de enero en todo el país, en cada vecindario, en cada comarca, en cada hogar, en primer lugar, vecindario, municipio, distrito, comarca, barrio y comunidad», afirmaba la vicepresidenta Rosario Murillo en declaraciones ofrecidas a la prensa el pasado día 4.

El exguerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda), que lideró la Revolución Popular Sandinista tras el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza en 1979, será ratificado en el cargo para el quinquenio 2022-2027, pese a la campaña internacional liderada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, que han impuesto múltiples sanciones para su Ejecutivo.

Después de 16 años de batallar desde la oposición contra los gobiernos de corte neoliberal desde 1990, ganó las elecciones de 2006 bajo la promesa de «trabajo, paz y reconciliación».

Desde entonces el éxito de su gestión es atribuido a la estrategia de gobernanza progresista desde la democracia participativa y protagónica, conocida como «Pueblo Presidente», que involucra a estructuras barriales, comarcales y municipales en la consulta y decisión de los programas de impacto social.

GOBERNANZA PROGRESISTA

«La primera vez que se asigna esa categoría (Pueblo Presidente), es cuando en una muestra de humildad del presidente de la República para asumir en 2007, el comandante Daniel se quitó la banda (presidencial) y dijo que esa banda le correspondía al pueblo, que esta victoria era del pueblo, porque se reconquistaba la gobernanza desde el poder del Frente Sandinista (FSLN), que es la vanguardia del pueblo», recordó Xavier Díaz-Lacayo, especialista en políticas públicas, en entrevista con la Agencia Sputnik.

Al acto simbólico de Ortega en enero de 2007 le sucedieron una serie de iniciativas entre leyes y acuerdos para revertir las secuelas de las administraciones neoliberales, entre ellas los racionamientos energéticos de 12 a 24 horas, la privatización de la salud y la educación, el financiamiento para el desarrollo de la producción agrícola, la inversión social para la construcción de escuelas, hospitales, centros de salud, casas maternas, carreteras, caminos productivos, parques, estadios y viviendas dignas para las familias más empobrecidas.

La participación de las estructuras barriales fue posible en la articulación de los Consejos y Gabinetes del Poder Ciudadano, desde el protagonismo de la democracia participativa.

«Cuando Daniel (Ortega) en 2007 se quita la banda y se la ofrece al pueblo, el símbolo es el inicio de una restitución de derechos, retomar el camino de la Revolución Popular Sandinista: de reorientar al país a su autodeterminación, a su plena independencia, a sus argumentos de solidaridad, a sus principios cristianos y socialistas, y la respuesta del pueblo fue de asumir ese gesto con una interacción que se manifiesta en una democracia directa-participativa y en una comunicación ciudadana abierta», explicó Díaz-Lacayo.

Desde el ejercicio de las políticas públicas, la experiencia que lidera el FSLN en Nicaragua es un modelo auténtico de participación ciudadana.

«Es un modelo de políticas públicas que refleja conocimiento de los problemas del país, capacidad de resolución y un argumento de mejora permanente, que se ha ido afinando cada vez más y mejor los mecanismos para satisfacer las necesidades de la población, principalmente los más necesitados», subrayó el especialista.

El éxito del modelo sandinista, también conocido como «Cristiano, socialista y solidario», es la base del instrumento rector de la gestión pública del país centroamericano: Plan Nacional de lucha contra la pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2027, que sintetiza los «lineamientos estratégicos esenciales» para afianzar el desarrollo de Nicaragua a través de la continuidad políticas, programas y proyectos de participación.

AUDITORÍA SOCIAL Y EMPODERAMIENTO

En entrevista con la Agencia Sputnik, el profesor Adolfo González de residencial Casa Real, urbanización ubicada al este de Managua, dijo que «Pueblo Presidente» le ha permitido ser un sujeto visible en la restitución de sus derechos, ser protagonista en espacios de decisión y fiscalización en la satisfacción de las necesidades de la gente.

«Es el simple hecho que el pueblo participe, sea tomado en cuenta y protagonice en el ejercicio de las políticas públicas, las oportunidades, la toma de decisión y la auditoría social, la participación es a nivel de cuadras (calles), manzanas, barrios, distritos y municipios», explicó González.

Por su parte, para Ángela María Lumbí, pobladora del Distrito VI de Managua, el «Pueblo Presidente», es el empoderamiento del ciudadano ante la gestión pública y los programas de gobierno para la atención de los problemas comunitarios.

«Es cuando vos te apersonas a una institución a solicitar al funcionario público respuestas a tus problemáticas ¿Qué mandata el comandante Daniel (Ortega)? Escuchar a la población. Cuando vos mandás y tus demandas se hacen efectivas allí es el ´Pueblo Presidente´, las soluciones son de cara al pueblo», explicó Lumbí en entrevista con esta agencia.

Este modelo político, social y económico, le ha permitido al Gobierno reducir la pobreza y la pobreza extrema y consolidar un programa de transformación social donde 58 por ciento del gasto nacional está dirigido al combate a la pobreza, manteniendo la gratuidad de la educación y la salud, con la mayor inversión en escuelas, hospitales, cobertura eléctrica y carreteras en Centroamericana, subsidio al transporte público y los servicios de agua y energía.

Ortega apuntala su mandato para los próximos cinco años, con la censura de las potencias de Occidente y la oposición radical de la derecha criolla que desconocen su triunfo electoral y le señalan de dictatorial, pero con el respaldo seguro de las mayorías empobrecidas por el capitalismo neoliberal que vieron en el FSLN una opción de dignificar su desarrollo.

Sptunik

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