Divino Tesoro: Nicaragua celebra a Rubén Darío a 155 años de su nacimiento

El pensamiento del poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), permanece vivo en su país natal. Retratado en la cumbre de la identidad de la nación centroamericana, pulula en escuelas, instituciones públicas, en el discurso del jefe de Estado; está presente en la música nacional y en los cortejos fúnebres, donde «lo fatal» acompaña el infortunio en cualquier camposanto.

Félix Rubén García Sarmiento nació el 18 de enero de 1867 en Metapa, hoy Ciudad Darío, municipio del departamento de Matagalpa (norte). Fue un niño prodigio que sabía leer con fluidez y escribir desde los cuatro años y que a los 14 años publicó sus primeros poemas en los diarios de la época, a los que después se incorporaría como periodista.

La dimensión del genio de Rubén Darío es celebrada en Nicaragua en el 155 aniversario de su natalicio para recordar el carácter universal de una obra que revolucionó el Modernismo, corriente artística y literaria que se desarrolló entre las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX, y que en el ámbito de las letras buscó renovar los temas, el lenguaje y hasta la musicalidad de la poesía y la prosa.

El volumen de poemas y prosas «Azul», publicado durante su estancia en Chile en 1888, significó el nacimiento del Modernismo y un punto de quiebre en la obra de Rubén Darío, al que le sucedieron textos como «Prosas profanas» (1896) y «Cantos de vida y esperanza» (1905) que lo catapultaron como máximo exponente de la poesía y literatura hispanoamericana.

La vida del poeta, periodista y diplomático apasiona por su apuesta revolucionaria del lenguaje, sus influencias y su aporte al idioma español, que dista de la superficialidad de su estudio en una buena parte de los nicaragüenses.

«La gente recuerda a Darío, pero no con su obra completa, lo recuerda como fragmento, como frase famosa: «Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!», pero nadie sabe de dónde viene ese verso, dónde está ubicado, no hay un pensamiento lógico que te ubique por qué Rubén Darío escribe con tanta musicalidad, con tantas palabras rebuscadas, porque integra en su obra vocablos franceses, alude a la mitología, a un sinnúmero de símbolos y metáforas que vos lo leés y te preguntás ¿qué quiere decir con esto, Rubén?», explica a la Agencia Sputnik la docente de la Universidad Americana (UAM0,) Eva Romano.

La especialista en idioma español se refiere a las dos primeros versos del poema «Canción de otoño en primavera», de «Cantos de vida y esperanza». Se trata de un texto referencia popular entre los personas de edad madura que la exclaman con nostalgia de su juventud. Sin embargo, Romano cuestiona el desconocimiento a profundidad de la obra, pues limita la vertiente que Darío significa para la construcción de la identidad de los nicaragüenses.

«Cómo entender a Darío, que fue un ser humano extraordinario, un genio, pero además un ser humano frustrado, que vivió toda su vida con un gran temor a la muerte, con una gran tristeza y en muchas de sus obras está impregnando ese sentimiento. Si uno lo analiza desde el ámbito afectivo te das cuenta que hasta te puede deprimir leer algunos poemas», subrayó Romano.

Darío, considerado el máximo orgullo para los nicaragüenses, fue declarado Héroe Nacional el 16 de marzo de 2016, por parte de la Asamblea Nacional, que lo nombró «Prócer de la Independencia Cultural de la Nación, Poeta Universal». La misma ley ordena al Ministerio de Educación, y a las universidades públicas y privadas a «incorporar en sus planes de estudio lo pertinente a la vida y obra» del poeta.

El análisis de la obra literaria de Darío es incorporado dentro de la currícula escolar desde el séptimo grado de secundaria desde el año 2007. Antes de ese año, quien fuera llamado «príncipe de las letras castellanas» era materia de estudio en el último nivel del bachillerato y a pesar de la ley que lo declara «héroe nacional», su vida y obra se limita al ámbito escolar, a diferencia de Augusto C. Sandino (1985-1934), héroe nacional de Nicaragua, motivo de encuentros populares en barrios y comunidades para la apropiación de su pensamiento y legado.

«Yo siento que (el estudio) se ha quedado corto, yo me atrevería a comparar la figura de José Martí (1853-1895), que para el pueblo cubano está impregnado en todos los niveles; los cubanos saben quién es José Martí y cuál es su legado, y aman ese legado de José Martí, que fue precursor de Rubén Darío», explica la docente universitaria.

El rezago intelectual de una parte de los nicaragüenses de edad adulta y su desconocimiento por la literatura de Darío, es explicada a Sputnik por el poeta Héctor Avellán como una de las consecuencias de los procesos históricos del país centroamericano, dominado por dictaduras al servicio de la injerencia extranjera en el último siglo y su impacto desventajoso en el desarrollo de las poblaciones más empobrecidas.

«Nicaragua ha visto interrumpida su revolución durante 16 años (en los) que caímos en un abismo cultural, no solo económico y neoliberal, donde se presentaba un Darío alejado del pueblo, un Darío apolítico, el Darío infantil de los adornos, de las princesas, de este lenguaje que es alejado del habla popular; la gente tiende a hablar de manera peyorativa de Rubén, de su alcoholismo, pero es un desconocimiento producto de la mala educación de estos procesos educativos neoliberales», explicó Avellán, director de Literatura del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC).

Recordó que en 1979, el 50 por ciento de la población de Nicaragua (tres millones de personas) no sabía leer ni escribir, y que fue con la Revolución Popular Sandinista y la Cruzada Nacional de Alfabetización, que la mitad de los nicaragüenses empiezan a conocer a Darío, no sólo en su dimensión poética, sino desde su pensamiento político y social patriota y antiimperialista.

Avellán destacó el rescate del estudio de Darío desde el INC y el Ministerio de Educación (Mined) para multiplicar el esfuerzo del Estado en todos los municipios de Nicaragua.

«Es importante que los gobernantes como el comandante Daniel (Ortega) tomen en su discurso esta figura tan importante para nuestra identidad, porque sin Darío y Sandino nosotros no tendríamos identidad, no seríamos universales culturalmente (si no fuera) por Darío y políticamente (si no fuera) por Sandino», agregó.

El estudio y dominio de la prolífica obra de Darío es un desafío para los nicaragüenses, en tanto exista un acompañamiento constante del Estado, al que corresponde dirigir una campaña nacional y permanente desde los primeros años de la educación formal hasta la experiencia barrial y comunitaria, expuso la profesora Romano.

El Gobierno de Nicaragua encabeza las celebraciones en honor a Darío, que se extienden hasta el 6 de febrero, fecha de su muerte en la ciudad de León (Occidente), que lo venera en la Basílica Catedral de la Asunción, donde reposan sus restos.

Sputnik

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