Los residentes de un barrio destruido de Mariúpol revelan sus historias desgarradoras

Las viviendas del vecindario no solo terminan en llamas, sino que sus estructuras son incluso destruidas por completo.

Un barrio residencial de Mariúpol ubicado frente al mar de Azov ha quedado totalmente destruido a causa de los ataques, que parecen no tener fin. Las fachadas negras de los edificios, las ventanas con los cristales rotos y los escombros que han dejado los bombardeos forman parte ahora del nuevo paisaje urbano de esta zona. Una iglesia cristiana ortodoxa, que representa la unión entre la cultura rusa y ucraniana, también está en ruinas. 

Sobrevivimos tiempos terribles. Los niños lloraban y gritaban. Nos escondíamos en los sótanos, en los pasillos. Tampoco hay nada para comer

Un equipo de RT se desplazó a las calles del vecindario en busca de testimonios. Ellos son los pocos residentes que aún no han abandonado el área, sumergida en los enfrentamientos. El corresponsal del canal televisivo señala que es habitual ver numerosos vehículos destruidos y encontrarse objetos de valor abandonados, factor que evidencia la rapidez con la que algunas personas huyeron de sus hogares y también «refleja el nuevo reordenamiento de los valores con los que las familias han tenido que luchar para sobrevivir».

«Sobrevivimos tiempos terribles. Los niños lloraban y gritaban. Nos escondíamos en los sótanos, en los pasillos. Tampoco hay nada para comer», relató una mujer. 

Cuesta de imaginar la magnitud de los combates que se registran en la zona. Las viviendas no solo terminan en llamas, sino que sus estructuras incluso se destruyen por completo. «Soy constructor y estudiaba como ingeniero. Nosotros defendíamos estos edificios después de liberarlos», comentó un lugareño.

Los numerosos vehículos estacionados en las calles revelan los daños que sufrieron por el fuego, al mismo tiempo que en el asfalto aún quedan restos de las municiones y se evidencian la caída de los misiles. Sin embargo, hay personas que no pretenden salir de aquí. «¿Para qué evacuar? Hay que reconstruir la ciudad. Alguien debe reconstruirla. Si todos se van, ¿qué pasará?», se preguntaba un residente. 

Los ataques también destruyeron un jardín de infancia y los niños, que antes iban ahí cada día, ahora se esconden en los sótanos. Familias enteras han permanecido bajo tierra durante semanas, durmiendo en los colchones que reposan en el suelo e intentando combatir el frío con mantas y fuego. El humo de las pequeñas llamas no encuentra ninguna pequeña grieta de escape, dificultando así la respiración de los que allí se refugian. Aun así, permanecer en el subterráneo termina siendo mejor que estar en la superficie, debido a los intensos combates.

«Quemaron totalmente nuestro apartamento», afirmó una mujer entre lágrimas. «Tenía cuatro habitaciones y todo quedó reducido a cenizas. Dicen que llegó un transporte blindado y simplemente lo arrasó», precisó. 

Las calles del vecindario todavía albergan numerosos cadáveres, víctimas de los ataques. Pero los residentes ya improvisaron un cementerio para enterrar a sus parientes asesinados, a sus seres queridos, que fallecieron en medio del infierno que vivían durante esas jornadas.

RT

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