La positividad tóxica: «Una manera bonita de decir ‘invalida tus emociones y sé autoexigente'»

La positividad tóxica se basa en negar emociones negativas como la tristeza, la ansiedad y el miedo.

Esta actitud evitativa fomenta los tabúes sobre la salud mental y ayuda a desarrollar trastornos psicológicos.

“Deja de darle vueltas a todo y sonríe”, es lo que reza una de las tantas imágenes acompañadas de ilustraciones en tonos pasteles que circulan por las redes sociales. También se pueden encontrar en tazas, bolsas, camisetas, agendas y cualquier otro tipo de objeto que podamos imaginar. Estamos rodeados de una cultura de positividad tóxica que no enfrenta las emociones negativas, sino que las evita con frases hechas. Pero si tragarse los chicles no es bueno, cabe imaginar que guardarse la tristeza, la rabia o el enfado, lo es mucho menos. Es ahí donde empieza el tabú de la salud mental.

“Es una manera bonita y romántica de decir ‘invalida tus emociones y sé autoexigente’”. Así es como describe la positividad tóxica Cristina Padrón, estudiante de último año de psicología que busca divulgar sobre la salud mental a través de sus redes. Luz Cózar, psicóloga, también la contempla de una manera similar: “Es negar una emoción, sobre todo las que son más difíciles de sentir, como la tristeza, el miedo o la ansiedad”.

Según ha contado Cózar a RTVE.es, la positividad tóxica “es el decirse a uno mismo, o que se lo digan otros, que no es normal sentir cosas como la tristeza o la ansiedad». Por su parte, Padrón, que convive también con trastornos psicológicos, encuentra esta actitud, mayoritariamente, en la reacción de la sociedad ante las emociones de los demás: “Si tú me dices que estás triste y yo te digo ‘venga, sonríe’, ¿qué positividad hay ahí? Estoy invalidando tu emoción y la vivencia que te ha hecho tenerla”. 

¿Cómo diferenciarla de la positividad?

Para la psicóloga Luz Cózar, la positividad tóxica se diferencia de una actitud positiva en el castigo que nos infligimos cuando aparece alguna sensación negativa. «Ser optimista es ver el mejor lado de las cosas y el aprendizaje que nos deja cada vivencia que atravesamos», pero no significa «ocultarnos o no escucharnos cuando estamos atravesando alguna experiencia negativa».  El miedo, la tristeza o la ansiedad son algunas de las que más solemos evitar y las que más suelen invalidarse. 

Una actitud positiva, dispuesta a gestionar las emociones y a aprender de las situaciones, puede mejorar nuestro bienestar. Según Cózar, muchos estudios psicológicos han demostrado que el optimismo puede ser algo positivo y reforzar nuestra autoconfianza. «Es saludable sentirse posible, pero hemos construido la idea de que ser una persona positiva significa ser robots», apunta la psicóloga haciendo hincapié en que esta situación ha empeorado en los últimos años como consecuencia del auge de las redes sociales. 

Las redes sociales son unos de los espacios en los que la cultura de la positividad tóxica está más presente. Plataformas como Instagram muestran solo el lado bueno de la vida, llevando a las personas a un estado de positividad constante. Lemas como “atraerás lo que temes”, “sé positivo, no estés triste” y “si lo intentas, lo consigues” circulan entre los usuarios como habituales y veloces posts. No hay lugar para las emociones negativas y son muchos los que creen que, «si los demás están bien, yo tengo que estar bien», ha contado Cózar. 

Claves para no ser un positivo tóxico

Según ha narrado la activista por la salud mental Cristina Padrón, los comentarios en las redes sociales son una de las formas en las que se manifiesta la positividad tóxica.  Aunque Padrón ha reconocido tener una comunidad online respetuosa, también ha podido observar que «en muchas ocasiones cuando alguien escribe un post sobre la ansiedad la gente comenta cosas como ‘yo tenía ansiedad y lo que hice fue ir mucho al gimnasio y se me quitó’». Este tipo de mensajes hace «que la persona piense que no tiene derecho a estar mal», ha añadido Cózar.

Si una persona te está expresando lo que siente y quieres validar sus emociones, Padrón propone, en lugar de decir las frases prefabricadas como «hay mucha gente que está peor que tú, no deberías estar triste», cambiar, por ejemplo, a un «es normal que estés triste». La cultura de la positividad tóxica nos ha acostumbrado a optar por frases como la primera, pero usarlas significaría expresarle al otro algo como que «nada de lo que estás diciendo tiene sentido, eres una tonta, así que alégrate ahora mismo». 

«Validar sería todo lo contrario: fomentar la escucha activa». Preguntarle a la otra persona qué necesita y mostrar disposición para ayudarle es clave, mientras que respuestas como «pues a mí me duele la pierna y no me quejo» son sumamente perjudiciales, apunta la activista. Comentarios como este último son parte de la positividad tóxica y conllevan «una constante búsqueda de la felicidad que nunca llega», de acuerdo con la psicóloga Luz Cózar. 

Maria Campos, hipnoterapeuta clínica, apunta también al uso de los refranes, más allá del cuidado que debe tenerse con los comentarios que hacemos a través de las redes.  «La positividad tóxica es un tema que parece como algo aislado, pero no es así», según Campos, este problema lleva en la sociedad mucho tiempo y «los miles de refranes son prueba de ello». No obstante, Cózar opina que es ahora el momento histórico donde hay más presión por ser felices debido a la existencia de las redes sociales. 

La positividad que fomenta el tabú de la salud mental

Según Campos, los clientes que acuden a ella como consecuencia de la mala gestión de sus emociones por la cultura de la positividad tóxica «sienten que no se pueden integrar correctamente en la sociedad». «Socialmente no está bien visto, aunque todo el mundo pase por ahí, que las personas estén mal y que estén mal por mucho tiempo», ha dicho la hipnoterapeuta. Una situación que viene del tabú de la salud mental y cuyo silencio fomenta los trastornos psicológicos. 

Eva perdió su trabajo el pasado año durante la pandemia de coronavirus, algo que afectó gravemente a su salud mental y por lo que desarrolló depresión. “Me sentía perdida tanto en mi vida personal como profesional y recuerdo que se lo conté a mis mejores amigas”, ha narrado a RTVE.es. Al conocer la situación de Eva, una de sus amigas trató de tranquilizarla invitándole a “distraerse”: “Échale ganas, yo para no deprimirme me baño todos los días”, le dijo.

Fue entonces cuando la joven sintió que «ya no podía compartir por lo que estaba pasando de una manera tan abierta como solía hacerlo”. Marta, que también ha pasado por depresión y por un trastorno de la alimentación, ha manifestado una experiencia similar con la positividad tóxica: «Mi madre siempre me decía ‘lo tienes todo, no puedes quejarte, hay gente que no tiene nada’». «Como si yo eligiera tener depresión y TCA en esos momentos», lamenta. 

Para Campos las emociones, y sobre todo las negativas, son «maestros de la vida» que, si son ignorados, pueden desarrollar problemas de salud mental. «Cuanto más queramos ocultarla más fuerte se hace y más intensa es esa lucha», ha comentado a RTVE.es la hipnoterapeuta clínica. Luz Cózar opina, por su parte, que el no aceptar las cosas que nos hacen sentir mal «nos lleva a sentirnos frustrados». “Es importante recordar dar permiso a esa tristeza, ese miedo… No suprimirlo”, sugiere la psicóloga. 

El caso de positividad tóxica de Simone Biles 

A principios de agosto y durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la gimnasta Simone Biles tomó una importante decisión para proteger su salud mental. Biles anunció su retirada de las finales por equipos y de parte de las individuales, poniendo así sobre la mesa el controvertido tema de los trastornos psicológicos. Los comentarios que recibió a través de las redes sociales fueron variados y, aunque muchos mostraron su apoyo y comprensión, otros minimizaron la situación. 

Según opina la activista Cristina Padrón, «con Simone Biles se redujo el problema a que se había puesto un poco nerviosa en la tarima», algo que continúa con la positividad tóxica. Para Padrón, el hecho de que la mayoría de los medios y las redes sociales no ahondases en el trasfondo de por qué Biles estaba pasando por un complicado momento persona supuso «reducir toda su lucha con la salud mental a simplemente ‘ese día me he puesto nerviosa y he decidido no seguir participando'».

«Realmente es que ha sufrido abusos sexuales por parte del médico de su equipo, ha luchado contra ello y también lucha contra el machismo y contra el racismo en el día a día», apunta Cristina como posibles causas de la retirada de la gimnasta. Si dejamos de lado las problemáticas sociales que llevan a los trastornos psicológicos «seguimos haciendo positividad tóxica», de acuerdo con la activista. 

RTVE

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