Giselle, un canto al amor romántico a través del ballet

Encontró su inspiración en el libro «De l’Allemagne» («De Alemania», de 1835) de Heinrich Heine, el último gran poeta del romanticismo alemán, movimiento que el autor trascendió al punto de ser considerado, junto a Johann Wolfgang von Goethe, el máximo representante de la lírica germana.

Entre sus páginas, Heine se hacía eco de una leyenda popular germánica en la que aparecían las willis, doncellas prometidas que morían antes de la boda y cuyos espíritus vagaban por el bosque desde la medianoche y hasta el amanecer con sus ropajes de novia. Si algún viajero las cruzaba en el camino, estaba condenado a bailar sin descanso hasta caer muerto de extenuación.

Son «figuras que danzan sin piedad entre la bruma suavizada por la luna de Alemania», decía Heine. Con esta imagen, un poeta, crítico y novelista francés, Theóphile Gautier, empezó a esbozar un ballet. Con la ayuda del dramaturgo francés Jules Henry Vernoy, «Giselle ou les wilis» se estrenaría en la Ópera de París en 1841, con música de Adolphe Adam.

GESTA DE SALVACIÓN

Durante el mes de abril, y hasta el martes, el emblemático Teatro Colón de Buenos Aires presentó esta obra que la Agencia Sputnik tuvo la oportunidad de presenciar con una grácil representación de la bailarina argentina Macarena Giménez en el papel de Giselle.

Se narra, en la primera parte, la historia de una campesina de gran belleza y pulcra inocencia que vive en los valles cercanos al Rin y cuyo mayor anhelo es bailar pese a los temores de su madre Berther, que la reprime debido a su frágil estado de salud.

La hermosura de Giselle no pasa desapercibida para Albrecht, un duque que se hace pasar por aldeano aunque es prometido de Bathilde, hija de un príncipe. Un guardabosque, que está enamorado de la joven, revela el engaño, y Giselle cae en una desesperación que la lleva a la muerte.

En el segundo acto, ambientado en una noche brumosa, la mediación de Giselle ante las willis evita que Albrecht siga el paso del guardabosque y fallezca en el embrujo de danzar hasta la extenuación. Tras hacerlo resistir en el baile hasta la llegada del alba, el trágico final no evita que la joven deba separarse de su amado y se desvanezca así con el resto de las willis.

Cuentan que el compositor Adam (1803-1856), autor de 41 óperas cómicas y 13 ballets en menos de treinta años de actividad, escribió la obra en menos de una semana. Completó una obra que se precia como una de las grandes proezas que puede ejecutar una bailarina de renombre. La expresión, el movimiento, la mímica, el paso y el gesto requieren de dotes excepcionales que en el estreno de Giselle, y por ocho años más, encarnó con exclusividad la bailarina italiana Carlotta Grisi.

OBRA CUMBRE

«Por su dificultad, por la combinación de feminidad y de caracterización sobrenatural, el papel de Giselle es el eslabón extremo en el arte del ballet», coincide el director del Ballet Estable del Teatro Colón, Mario Galizzi en declaraciones exclusivas a la Agencia Sputnik.

El reconocido crítico de danza británico Arnold Haskell (1903-1980) afirmó en su momento que Giselle era una obra que sobreviviría en el devenir de la historia porque era «la más pura expresión de su época» y porque su tema lo convertiría «en la más grande de todas las pruebas por las que puede pasar una bailarina».

En su obra «Ballet», publicada en 1945, el referente inglés señaló que Giselle no era «un simple pretexto para bailar» sino que vivía «por el drama que expresa», contó el director del cuerpo estable de ballet.

El bailarín, coreógrafo y director de compañía ucraniano Serge Lifar, nacionalizado francés, consideró en tanto que en Giselle «se logró la unidad armónica de los elementos humanos, en el primer acto, y del celestial en el segundo».

Cristalizó así «la fuerza dramática del monólogo y del diálogo de la mímica y danza con la riqueza de la danza pura».

Por eso Giselle, como «ballet místico y realista, refleja todas las tendencias del siglo XIX, con su duda perpetua entre la danza pura y la pantomima convencional», añadió el bailarín.

«Después de lo expresado por Haskell y Lifar, no me atrevo a decir nada más», admitió Galizzi. «Prefiero citar un pequeño fragmento de un poema inédito de Gautier sobre Giselle».

Que dice así:
«Yo me hice esperar -mi amor-, y tu creías que te había olvidado.
Vengo de muy lejos ,de un lugar, de un lugar de donde nunca nadie regresó.
No hay luna, ni sol en el país del que vengo, solamente espacio y sombras .
Ni senderos para mis pies, ni aire para mis alas .
Pero estoy aquí porque el amor es más fuerte que la muerte y termina por vencerla».

Sputnik

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