Sin habitación propia: historias de mujeres sin hogar en el mundo

«Había que denunciar y contar la situación que viven las mujeres en España, pero también en China, en México, en Estados Unidos, en Colombia y en cualquier parte del mundo, porque al final pagan un precio especial por un tema de género, por ser mujeres», afirma Lula Gómez. Esta periodista compartió esa idea a varias colegas de profesión. Ellas han investigado la realidad de las mujeres sin hogar en los países en los que estaban trabajando y la suma de sus trabajos es el libro Sin habitación propia. Además de Lula Gómez son Carla Fibla, Eileen Truax, Laila Abu Shihab, Nuria Tesón y Dolors Rodríguez, que respectivamente nos llevan a España, Sudáfrica, Estados Unidos, Colombia y Egipto.

Una de las primeras cosas que señalan es que el hecho de tener un techo sobre la cabeza no implica tener un hogar. Gran parte de las personas que están en situación de sinhogarismo no duermen en la calle, sino que se refugian en estructuras improvisadas con elementos de deshecho, en huecos miserables como un trastero o un colchón en el suelo de una habitación abarrotada. Las hay que recurren a lugares que nos parecerían inverosímiles, como las tumbas familiares de un gran cementerio en Egipto. Un hogar es un lugar donde tener un espacio propio, intimidad, seguridad, dignidad.

 La periodista Lula Gómez, coautora de
La periodista Lula Gómez, coautora de «Sin habitación propia» CROPPER

Países diferentes, experiencias similares

Otra de las cuestiones que señalan es que -de entre las personas sin hogar- las mujeres y las niñas son las más vulnerables, las que más expuestas están a agresiones sexuales y de todo tipo, las precarias entre los precarios. Y entre ellas, lo peor se lo llevan las mujeres migrantes. «En el caso de las mujeres sin hogar en Asia se repite un patrón, que son las mujeres que migran, que son mucho más vulnerables porque están más expuestas a todo tipo de abusos, abusos físicos, abusos laborales porque tienen menos derechos, abusos sexuales porque están menos protegidas y por ejemplo en las fábricas cuando hay un problema son las primeras en ser despedidas y las últimas a volver a ser contratadas», explica Dolors Rodríguez.

En España, por ejemplo, las mujeres representan el 20% de las personas sin hogar. Muchas de ellas son mujeres migrantes, son madres y sufren el dolor de haberse separado de sus hijos e hijas para buscar un futuro mejor o símplemente perseguir la subsistencia familiar. «Hay que abordar el tema de las transmaternidades, de esas mujeres que vienen a cuidar a nuestros hijos y dejan a sus hijos allá y en qué condición se trabaja y cómo se tiene a esas mujeres», afirma Lula Gómez. Y es que tanto en España como en otros países, trabajar como internas en una casa como empleadas domésticas, esconde una situación difícil, una especie de sinhogarismo encubierto.

También se parecen las mujeres que viven en la calle en diferentes países en las estrategias que adoptan para sobrevivir: «Lo que intentan es pasar lo más desapercibidas posible. Incluso cuando son niñas se visten de niños hasta que ya no lo pueden ocultar. Tienen muy clara la vulnerabilidad máxima en la que están», explica Carla Fibla.

Vivir en la precariedad máxima

En los diferentes capítulos, las autoras proporcionan cifras, analizan la características propias de cada país, las migraciones internas como las que se producen en China donde son prácticamente ilegales, las discriminaciones acumuladas como las que viven las viudas en Egipto y también situaciones de precariedad laboral, como la que sufren las mujeres filipinas que trabajan en Hong Kong, cerca de cuatrocientas mil. Dolors Rodríguez explica que sólo pueden entrar en Hong Kong con contrato, pero están obligadas a vivir en la casa de sus contratadores y dependen totalmente de ellos: «Estás en manos de tu contratador. Si te despide, te quedas sin trabajo, pero no sólo, te quedas sin trabajo y sin médico y sin posibilidad de encontrar otro trabajo allí. Te obligan a salir y volver a entrar».

Otra realidad muy específica es la que retrata Laila Abu Shihab en Colombia, de mujeres desmovilizadas de la guerrilla de las FARC. La periodista recorre la vida de una de ellas, que se unió a los guerrilleros de niña, huyendo del maltrato y los abusos en su propia casa. Es el caso de muchas, que han ido sumando abusos y violencias, como abortos obligados, durante su vida en el grupo armado y que ahora ven cómo se frustra la promesa de una vida reconstruida y en paz.

Promesa arruinada para muchas mujeres que encuentran en Sudáfrica violencia y racismo. Carla Fibla retrata la realidad de la migración interafricana y sus contradicciones: «Yo me encontré con mujeres muy rotas, por ejemplo que huían de zonas de conflicto, de situaciones complejas y llegan a un país también africano y ven que tampoco ahí van a tener una vida digna y estar bien».

Sin habitación propia está prologado por la periodista Pilar del Río y editado por Compromiso, dentro de su proyecto editorial de visibilización de cuestiones sociales, con la colaboración de la Fundación ‘La Caixa’. Pero este proyecto tiene muchas madres y padres, porque ha salido adelante gracias a una campaña de crowfunding que ha superado sus previsiones iniciales. Un libro necesario que pone luz sobre personas que están a nuestro lado y en todas partes, pero a las que rara vez miramos.

RTVE

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