El «mood» capitalista

El “mood” es un estado de ánimo, una cierta disposición, una cierta inclinación, que puede ser favorable o desfavorable a alguien o a algo. Es menos intenso que una emoción, pero puede permanecer durante más tiempo. Esto es lo que ocurre con el Capitalismo, que no es bien acogido por la sociedad. Está demonizado. Nadie quiere sentirse parte de él, aunque el mundo (con muy pequeñas excepciones) está asentado en este sistema económico, político y social, que como lluvia fina ha ido permeando los valores del conjunto de la sociedad.

Por Alfonso Durán Pich*

*https://www.alfdurancorner.com

Desde que el comercio, favorecido por los grandes viajes marítimos y el desarrollo urbano (con la consiguiente agrupación de artesanos), propició una reflexión sistematizada sobre el hecho económico (Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, etc.), el Capitalismo ha ido imponiéndose al resto de sistemas globalizadores, en un notable proceso de adaptación a los cambios del entorno, adaptación que explica su longevidad.

Con sus pros y sus contras, el mundo es capitalista, aunque el modelo imperante ha ido cambiando y de aquel Capitalismo Industrial de sus orígenes hoy hemos derivado en un Capitalismo Financiero que opera como una economía de casino. Ya no se gana dinero produciendo sino apostando en el gran casino mundial. Y como las apuestas son muy fuertes, solo algunos privilegiados pueden intervenir en la partida.

Este Capitalismo  –que yo he criticado duramente en mi libro “El Capitalismo y su séptimo de caballería”– no tiene nada que ver con la “mano invisible” entre la oferta y la demanda, ni con la “ventaja comparativa”, ni con la “especialización” en el trabajo, ni con la “destrucción creativa”, ni con la “innovación”, ni con la “eficiencia productiva” o “productividad”. Esta versión extrema del Capitalismo Financiero, con el soporte de las tecnologías de la información y la comunicación, está autodestruyendo todo lo positivo acumulado. Porque si bien es cierto que los avances de la ciencia han sido los auténticos motores del progreso de la sociedad desde que Adam Smith publicó “La riqueza de las naciones” en 1776, también lo es que sin los recursos financieros generados por el Sistema tal avance no hubiera sido posible. Y no caeremos en la ingenuidad de pensar que todo se hizo por razones morales (una parte seguramente sí), pero lo cierto es que se hizo y aquí están los resultados.

Porque este sistema ha cambiado el mundo, también para bien. Veamos algunas cifras para comprender este cambio:

  • En 1820 (medio siglo después del nacimiento oficial del Capitalismo), la población de la tierra era de 1.100 millones. En 2020 era de 7.700. Este dato es fundamental para comprender la dimensión del cambio.
  • En 1820 un 43% de los recién nacidos morían antes de alcanzar los cinco años y un 57% sobrevivían. En 2019 la supervivencia era del 96%.
  • En 1820 la extrema pobreza afectaba al 84% de la población. En 2018 el ratio había bajado al 9%, aunque todavía un 76% eran considerados pobres.
  • En 1820 un 88% de la población eran analfabetos. En 2019 la tasa había bajado al 14%.
  • En 1820 la vacunación (difteria, tétanos, tosferina) no existía. En 2019 el 86% de la población estaba vacunada en este sentido.
  • En 1820 el 83% de la población no tenía ningún nivel educativo (educación básica). En 2019 el ratio había bajado al 14%.

Y si nos referimos a un tema especialmente conflictivo relacionado con el medio ambiente (emisión de CO2), los datos son todavía más sorprendentes. Nos centraremos en el tránsito del período más próximo (1990 – 2018), período en el que la sensibilidad social hacia los temas de medio ambiente se ha intensificado.

Se trata de comparar el crecimiento o decrecimiento entre esas dos fechas del PIB per cápita de distintos países occidentales con la evolución en la emisión de CO2 (sumando la emisión de productos importados a los producidos y restando la de los productos exportados). Veamos:

Suecia:

-PIB per cápita (52% incremento).

-Emisión de CO2 (decremento del 29%).

Dinamarca:

-PIB per cápita (38% incremento).

-Emisión de CO2 (decremento del 42%).

 Alemania:

-PIB per cápita (45% incremento).

-Emisión de CO2 (decremento del 31%).

Reino Unido:

-PIB per cápita (48% incremento).

-Emisión de CO2 (decremento del 46%).

Francia:

-PIB per cápita (31% incremento).

-Emisión de CO2 (decremento del 22%).

Estados Unidos:

-PIB per cápita (46% incremento).

-Emisión CO2 (decremento del 14%).

Como era previsible, no todos los países se han comportado igual, aunque la media es muy positiva. Se ha hecho un esfuerzo dentro de los parámetros habituales y este esfuerzo lo ha hecho el Sistema.

Dicho esto hay que reconocer que no se cumplirán los objetivos del 2050 respecto a la emisión de gases contaminantes, a no ser que se reduzca el crecimiento hipertrófico de la economía. Ya lo he dicho en otras ocasiones: estamos sodomizados por la tasa de crecimiento del PIB y éste es un problema global que nos afecta a todos.

Pero aquí lo que estamos analizando no es esto sino la contribución neta del Capitalismo a la mejora de la sociedad. Podríamos aventurar la hipótesis de que sin la explosión de la alternativa del socialismo real en 1917 (el modelo comunista) y su persistencia durante setenta años, la trayectoria del Capitalismo hubiera sido distinta, aunque esto no deja de ser una hipótesis. Lo que sí es seguro es que llevó a una notable mejora de las rentas de trabajo frente a las rentas de capital en el mundo liberal-conservador. Fue una reacción previsible del poder del Sistema ante el riesgo de un contagio de la ideología social-comunista entre la clase trabajadora. Pero tras la caída simbólica del “muro de Berlín”, el Capitalismo recuperó la hegemonía y se sintió liberado para bien y para mal.

Y ahora estamos en una situación también confusa, en la que al Capitalismo liberal-conservador (el anglosajón), secuestrado por su brazo financiero, se opone a la llamada “economía socialista de mercado” (liderada por China), una economía de base industrial que a primera vista resulta paradójica. Esa economía (un nuevo experimento del Capitalismo) ha permitido que un país de mil cuatrocientos millones de habitantes dé un salto espectacular en términos de calidad de vida, partiendo como partía de una base rural muy extendida. Y esto es un plus que debemos reconocer.

Es fácil ser anticapitalista, pero hay que superar el “mood”, razonar objetivamente y presentar una alternativa viable.

Entonces y solo entonces estaremos cerca de un juicio justo. Lo demás es pura demagogia.

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