Descifrar el envejecimiento no nos hará inmortales, pero frenaría las enfermedades degenerativas: «Sería un cambio radical»

Con la edad aumenta el riesgo de patologías degenerativas, pero la ciencia ya no lo ve como un factor en el que no se puede influir.

«Resetear» las células o eliminar las senescentes son algunas de las estrategias que ya se están explorando en los laboratorios.

“No investigamos el envejecimiento para vivir eternamente o para volver a estar jóvenes”. Manuel Serrano, uno de los científicos más relevantes en la investigación biomédica en todo el mundo, se expresa con una rotundidad amable al otro lado del teléfono. Pero su gusto por las metas más “realistas y prácticas” no cae como un jarro de agua fría. Su objetivo, de hecho, es muy luminoso: entender cómo envejece nuestro cuerpo puede llevarnos a curar enfermedades degenerativas asociadas a la edad, como el Alzheimer, el Parkinson o la fibrosis pulmonar.

“Lo ideal sería rejuvenecer, pero no hace falta llegar a tanto… con frenar su avance ya has cambiado la vida del paciente”, afirma el investigador, que dirige el grupo de plasticidad celular y enfermedades del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. “Para muchísimas personas sería un cambio radical poder asearse a sí mismos, andar, salir a hacer la compra, tener autonomía…”.

En una sociedad ya muy envejecida, la preocupación ya no es “cuánto vamos a vivir” sino “cómo”. Porque, como revela el poeta Jaime Gil de Biedma en sus versos, “envejecer, morir, es el único argumento de la obra”.

Qué es envejecer

Pero la ciencia ha dejado de ver el envejecimiento como una constante sobre la que no podemos influir. Así, es necesario entender qué es y por qué ocurre, antes de salir a buscar la fuente de la juventud.

“Es una situación de riesgo o de fragilidad que nos hace más susceptibles a tener enfermedades, muchas enfermedades”, compone Serrano. “Casi nadie cree que el organismo esté programado para envejecer, más bien se piensa que es una acumulación de distintos tipos de daños celulares”.

Según explica el investigador, las células dañadas activan un “mecanismo de alarma”, llamado senescencia celular, que evita que se multipliquen y aumente el perjuicio. Esa respuesta forma parte del funcionamiento normal de nuestro cuerpo, también cuando somos niños y, por ejemplo, superamos una infección. También si fumamos, si nos quemamos tomando el sol…

El problema viene después. La senescencia -que paradójicamente nos protege del desarrollo de tumores al impedir que se extiendan- convierte a las células afectadas en “senescentes”. Es lo que los profanos entendemos como “viejas”, aunque los especialistas prefieren evitar esos términos. Estarían, más bien, «dañadas». 

“Cuando somos jóvenes, nuestro sistema inmune es capaz de eliminar las células senescentes a medida que van apareciendo. Pero con la edad, por un lado, tenemos más células senescentes y, por otro, nuestro sistema inmune funciona peor y se acaban acumulando”, describe la médico investigadora Corina Amor, del Laboratorio Cold Spring Harbor.

Las células senescentes que nuestro cuerpo no es capaz de eliminar segregan sustancias que inflaman y dañan también a sus vecinas y así se se va expandiendo en nuestro cuerpo el deterioro asociado al envejecimiento.

Fármacos contra las células senescentes

Ante esto, la primera estrategia posible frente al envejecimiento consiste en ayudar a nuestro cuerpo a eliminar las células senescentes. Así lo está haciendo el equipo investigador de Corina Amor desde Nueva York: “aislamos linfocitos, células que tenemos en nuestra sangre y que normalmente reconocen agentes infecciosos, como virus, pero también tumores. En el laboratorio, los reprogramamos de forma artificial para que reconozcan específicamente a las células senescentes. Los infundimos en los ratones y, una vez dentro del cuerpo, van a buscar a las células senescentes y las eliminan”.

La explicación parece la sinopsis de un thriller futurista, pero no es ciencia ficción. De hecho, esta terapia de linfocitos modificados (conocida como CAR-T) ya se está utilizando para linfomas y leucemias. Para el envejecimiento celular, solo se ha probado en animales. “Nos gustaría poder hacer ensayos [con personas] en tres, cinco años”, asegura Amor a RTVE.es, que recuerda la importancia de cerciorarse antes de la toxicidad y seguridad de estos fármacos.

Con problemas similares se ha encontrado el equipo de Salvador Macip, investigador de la Universidad de Leicester y la Universitat Oberta de Catalunya. En una entrevista en RNE, desgranó sus experimentos, publicados en Nature, para crear una “bomba teledirigida que encuentra las células viejas y las destruye específicamente”. En su caso, en lugar de linfocitos, emplean un anticuerpo “tuneado” para reconocer a las células senescentes.

“Básicamente, usamos las mismas herramientas que usaría el sistema inmune contra una infección. Pero en vez de eso, dirigimos los anticuerpos hacia células viejas y los cargamos con una sustancia tóxica”, concretó el doctor Macip en el programa ‘A golpe de bit’. “Y en experimentos de laboratorio funciona bien: elimina estas células viejas sin tocar las células normales”.

Pero la seguridad es capital en estos fármacos que aspiran a curar enfermedades crónicas, y todavía hay que probarlos en humanos. Pasar del éxito en animales a personas es el mayor obstáculo. “La población mayor tiene una salud más frágil y no podemos cargarlos con efectos secundarios importantes. En el caso del cáncer son más tolerables, porque es una enfermedad mortal”, recuerda.

Porque la horquilla de posibilidades al eliminar las células senescentes es muy amplia, desde enfermedades oncológicas o hepáticas a neurológicas, como el Alzheimer. Y ahí reside también la complejidad de los tratamientos. Existen distintos tipos de células senescentes, dependiendo del órgano y del tejido, por lo que es necesario encontrar marcadores de todas, para que el anticuerpo las encuentre y pueda “atacarlas” sin dañar al resto. “Tiene que ser un tratamiento muy adaptado a cada enfermedad en particular”, reconoció Macip, “va a ser muy difícil encontrar una sola estrategia que elimine a todas las células senescentes”.

Envejecer, sí, pero con salud

“Si un médico tuviera que evaluar la salud de una persona que está detrás de un biombo y solo pudiera hacer una pregunta, esa sería: ¿cuál es su edad?”, sostiene Stephen Matlin, primer ejecutivo de la empresa Life Length, un laboratorio especializado en envejecimiento celular.

Este argumento lo repiten todos los especialistas: el envejecimiento es un factor de riesgo claro en muchas enfermedades, sin embargo, no se ha actuado sobre él hasta ahora. De hecho, es muy difícil hacer ensayos clínicos centrados únicamente en si X fármaco ralentiza o no el envejecimiento. “No es realista”, afirma Manuel Serrano, investigador de IRB. “Si coges personas de 70 años para ver cómo envejecen y cuánto viven, podrías necesitar hasta 20 años de seguimiento de 100 o 200 personas. Imagínate el dinero que costaría eso”.

Sí tiene sentido, en cambio, identificar enfermedades asociadas al envejecimiento y comprobar directamente cómo les afectan los tratamientos experimentales. “Prácticamente, todas las enfermedades degenerativas están asociadas a una gran acumulación de células senescentes”, razona Serrano, que cree que algunas patologías no son más que un proceso acelerado de envejecimiento de un tejido concreto. “A la persona que tiene una fibrosis pulmonar le está envejeciendo el pulmón aceleradamente”, ilustra.

En su opinión, este cambio de perspectiva puede acercarnos a un tratamiento eficaz para enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson, para las que llevamos más de un lustro buscando una cura: “¿Va a ser la solución? No lo sé, ojalá, pero ya es otra manera de ver el problema”.

Sea la vía para encontrar una cura o no, los investigadores coinciden en que desarrollar fármacos para eliminar las células senescentes abre la puerta a mejorar la calidad de vida de los mayores, algo que la inmunóloga Corina Amor ya ha podido observar en su investigación con ratones. “Se pueden mover mejor, no desarrollan síndrome metabólico o diabetes, enfermedades cardiovasculares, demencias… Realmente es ganar 10 o 20 años de buena calidad de vida”, asegura.

Entender el envejecimiento celular para «resetear» el proceso

Pero si los fármacos «anti-envejecimiento” contra las células senescentes pueden ser una realidad en el corto o medio plazo, otras investigaciones ya buscan ir más lejos con sus planteamientos. Por ejemplo, “reprogramando” las células para que vuelvan a ser “jóvenes” a través del ADN. El equipo de Manuel Serrano ha publicado recientemente sus resultados de éxito en ratones.

“Hay investigadores que quieren utilizar la terapia génica para llevar los factores de reprogramación a distintos tejidos. Yo no creo que eso sea realista. Otros, entre los que me encuentro, pensamos que podemos llegar a entender en qué consiste este rejuvenecimiento celular y poder hacerlo sin usar genes. Es decir, de la manera tradicional, con fármacos”, plantea, consciente de que “aún queda” mucho trabajo.

Para esta línea de investigación han tenido, de nuevo, que preguntarse qué es una célula envejecida, describir las “marcas” que van apareciendo con el tiempo y tratar de “resetear” esos cambios. Una de las señales del envejecimiento de las células es la longitud de los telómeros, los extremos de los cromosomas, que ha copado la labor científica María A. Blasco, hoy directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Pero existen muchos más.

Un nuevo foco de inversiones 

El investigador Salvador Macip afirmó en RNE que esta manera de asomarse al envejecimiento es un “cambio de paradigma” en la ciencia. Y lo cierto es que los resultados están atrayendo la atención, también de los inversores. “Antes los que trabajábamos en una senescencia teníamos que plantearlo siempre para que fuera útil para tratar el cáncer. Ahora mismo, puedes hablar directamente del envejecimiento”, confirma Corina Amor, sobre el proceso para conseguir becas y financiación.

En los últimos años, han sido llamativos los lanzamientos de empresas como Calico, de Google, o Altos Lab, financiada por grandes fortunas como Jeff Bezos o Yuri Milner. El investigador Manuel Serrano, que forma parte también del equipo de esta última, argumenta que estos movimientos no son inusuales entre los inversores de alto riesgo. Además, afirma, el enfoque “transformador, disruptivo” de los ensayos está atrayendo también a las firmas tradicionales.

“Pero esto no es para gente rica, como leí una vez. De esto se van a beneficiar fundamentalmente personas que tienen enfermedades degenerativas”, asegura. Y para eso, sigue trabajando cada día desde su laboratorio. 

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