“Tu retratito lo traigo en mi cartera…”

Con apenas un click que dura un segundo, la vida se contiene y se congela, se estaciona y nos resguarda del paso del tiempo. Ya no moriremos del todo. Ya no seremos abandono. Ya no estaremos ni distantes ni ajenos. Ya nunca seremos olvido.

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

Estaremos presentes en el viejo desván. Estaremos en el baúl de los recuerdos familiares. Seremos timbre de orgullo y linaje. Seremos la huella del tiempo y estaremos en la algarabía familiar del “mira cómo estabas”: “qué bien te veías”; “mira aquel paraje que parecía el paraíso”… “mira esos gestos que hacías…”… o acaso: “Mira cómo eran”; “Mira qué gracioso vestían”; “Ve esas muecas”; “Mira cómo se parece a…”: Ahí está nuestra vida hecha papel y plata.

Son los momentos que quedan en la memoria y en el registro de papel y plata que atesoramos para vernos de tiempo en tiempo: Son nuestros vestigios que le gritan al mundo que un día, que fue como un sueño, estuvimos aquí y vivimos y quisimos y amamos y fuimos amados: ‘el sol iluminó nuestra fas’.

Están ahí las esencias de las cosas, no simplemente las cosas. Esas que existieron y que quizá aún estén ahí. Todas ellas –cada una– tienen sus propias esencias, razones de ser y parte del espíritu que nos dio vida y el eje creador de quien las fotografío y volcó en ellas su propia esencia y vitalidad, pasión y emoción: las hizo fotografía.

Uno de los primeros recuerdos, como si fuera hoy mismo, es que cuando niños madre nos llevaba a La Villa de Guadalupe en el entonces D.F. Al término de la ceremonia religiosa seguían dos pasos ineludibles: comprar las tortillitas dulces de maíz, envueltas en papel de china de colores y enseguida la fotografía.

Para esto, los fotógrafos de a pie habían dispuesto lonas con imágenes y paisajes de La Villa a modo de fondo, y unos cuacos de cartón a tamaño casi normal.

Había faldas de chinas poblanas para ellas, las hermanas, y para nosotros sombreros, carrilleras y mirada fiera… “Pajarito-pajarito: click”. Y ahí estábamos todos, muy serios, vestidos cual nos queréis. Contentos. Jubilosos.Dichosos: Y no lo sabíamos. Hoy lo sabemos. Aquel fotógrafo, sin proponérselo, nos regaló el instante feliz de unas vidas felices-inolvidables.  

¿Y qué tal aquellas fotografías del grupo escolar? Todos muy ordenaditos y compuestos. Unos de pie, otros en cuclillas, y algunos sentados al piso: todos a la vista. La maestra o el maestro en medio del grupo. O aquellas de ovalito para el certificado final. Aquella de “Aquí, niño, sonríe un poco… no, no tanto… menos… así… ¡no te muevas!.. Click”. ¿Y qué hay de la fotografía de la mujer amada o la de los seres queridos? Todo ahí en apenas un espacio mínimo que es la ventana al infinito que llevamos en cada uno de nosotros.

Una fotografía no es sólo lo que vemos y re-vemos. Es también lo que sentimos al verla. Lo que despierta en nosotros su vista. Y cuando nos emociona, cuando nos hace sentir la conmoción vital de estar vivos y saber que hay vida antes y después, entonces el artista, el creador, el orfebre han conseguido su objetivo: crear y dar vida.

La fotografía también es arte cuando adquiere dimensiones que trasciende a la imagen y a la estética y pasa a ser magnitud, lenguaje, color, luz, emoción y pasión. Al ser arte trasciende y nunca se olvida. También hay el arte de la fotografía social, la que tiene como objetivo mostrar al mundo en su exacto momento y su dimensión e intensidad.

Hay fotografías de estructuras vitales, de paisajes, de inmensidades o microuniversos. Nada –o casi nada- ha escapado a la mirada acuciosa de los fotógrafos en todo el mundo. Aun las galaxias o el fondo del mar están ya, en un resumen fotográfico de dimensiones exactas. Grandes fotógrafos-arte, han sido John Baldessari; Arnulf Rainer, Jan Dibbets, Jeff Wall y tantos más.

¿Quién lo hubiera dicho cuando surgió el primer esbozo de lo que habría de ser la fotografía? La inventó Josepfh Niépce en 1824, quien se asoció con Louis Daguerre para sus investigaciones. Luego Daguerre inventó en 1838 el daguerrotipo, del que tanto habla en su obra Gabriel García Márquez como muestra del registro del pasado que se vuelve melancolía.

Y de ahí en adelante la odisea de quienes siguieron aquel camino y buscaron-hurgaron-inventaron lo que poco a poco se fue convirtiendo en la fotografía de hoy. Muchos amantes de la investigación y la fotografía aportaron granitos de plata para conseguir lo que tenemos para registro de nuestras vidas y nuestro entorno, pero sobre todo para recuperación de lo que esencialmente significamos.

No podía faltar la idea de la fotografía como registro de imagen, tiempo y circunstancia: convertido todo luego en arte y responsabilidad como periodismo gráfico. Y como si nada ocurriera ocurría todo: La fotografía es un  arte que también reinterpreta la realidad y la transforma en imágenes.

‘Hay artistas que hacen uso de la fotografía para expresar sus emociones. Muchas de está fotografías a lo mejor no son muy brillantes ni estética ni técnicamente, pero tienen un concepto muy potente, tal es la fuerza en la idea que hay detrás del trabajo que consigue eclipsar las carencias estéticas de la imagen.’

Ya para el siglo XX –por ahí de los años 30—‘la fotografía se convertirá en el medio idóneo para documentar las transformaciones sociales de la era industrial y la consolidación de la nueva arquitectura y las formas de vida de las bulliciosas urbes modernas.’

Así que también la fotografía es una forma de observar de manera crítica lo que pasa y lo que ocurre en el momento mismo de su click. Se dice que la pionera del fotoperiodismo es Gisèle Freund.

Porque mientras muchos discutían laimportancia artística de la fotografía, ésta se transforma en una observadora acuciosa e instrumento de investigación de la realidad. Para los años treinta, el alemán Erich Salomon creó el concepto de reportaje moderno ‘mediante retratos captados de forma espontánea, sin que los personajes advirtieran que estaban siendo observados por el ojo de la cámara.’

En adelante y bajo esta premisa, habrían de surgir nombres y obras monumentales como los reportajes gráficos de Henri Cartier-Bresson, quien escrituró el “instante decisivo”. Priorizó la belleza y la verdad de lo inmediato.

Así que luego bajo la premisa de la fotografía como elemento informativo, de arte y trascendencia, la revista Life abrió sus páginas a la gran fotografía moderna, la de Robert Capa;Gerda Taro; W. Eugene Smith, Margaret Bourke-White entre tantos otros que hicieron la crónica de los hechos más importantes como de la vida íntima y cotidiana del siglo pasado, con una veracidad insospechada.

En esto México tiene mucho de qué presumir. Desde los grandes fotógrafos del siglo XIX y sus famosos daguerrotipos, hasta quienes han hecho de la fotografía un arte y compromiso:

Miguel y Agustín Víctor Casasola, los hermanos Mayo, Graciela Iturbide, Lourdes Grobet, Pedro Valtierra (nuestra gran mirada de cristal); Héctor García, Rogelio Cuéllar, Manuel Álvarez Bravo, Nacho López, Pablo Ortiz Monasterio… Y aquel viejo fotógrafo de La Villa. Tantos-muchos más: honor a todos ellos.

Y por supuesto el desarrollo de la fotografía también se debe en mucho este enorme crecimiento fotográfico a la invención y actualización día a día de las cámaras fotográficas. Hoy el teléfono celular permite a todos obtener las imágenes que mejor interesan y quieren mantener en su aparato telefónico.

Esto no significa que haya una intención creadora en estas imágenes-teléfono –no en la mayoría de los casos– y existe el riesgo de perder todo este acervo mundial al no registrarlas imágenes en papel para hacerlas permanentes, aunque se argumente que existen archivos digitales.

Pero nada. La fotografía existe y es. Está ahí el arte y la responsabilidad del fotógrafo-artista-periodista-investigador de realidades. La fotografía es y será el instrumento de proyección humana en su momento exacto.

Es el arte. Es el concepto. Es la estética. Es la imaginación. Es la realidad y su excepcional profundidad e intensidad. Todo y más en una fotografía. Una sola que nos mantiene vivos y vigentes hoy, siempre, por siempre, para siempre.

“Tu retratito lo traigo en mi cartera. Donde se guarda el tesoro más querido… Yo te he de ver y te he de ver y te he de ver, aunque te escondas y te apartes de mi vista…”

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