Tontos útiles

Nos tienen entretenidos. Cuando se les acaba el tema estrella (el Covid, el volcán canario, la guerra de Ucrania, etc.) dan paso a los teloneros (el comisario Villarejo, el no fichaje de Mbappé por el Madrid, las altas temperaturas, etc.) y así van llenando nuestro tiempo de ocio.

Por Alfonso Durán Pich*

*https://www.alfdurancorner.com

Con el proyecto de las olimpiadas de invierno “Barcelona-Pirineos”, el gobierno del Estado pretendía desarrollar una maniobra política para recuperar (según su versión apócrifa) la convivencia perdida en Catalunya. Para ellos era un proyecto de Estado, o sea, de una España grande y libre, en el que pudieran pasear la bandera rojigualda por el territorio catalán y poder proclamar la unidad nacional.

Pero las cosas no podían ir peor, y el auto sacramental de la patria se ha transformado en un sainete menor, de los que Arniches escribía en un fin de semana y luego tiraba a la papelera.

El Comité Olímpico Español, un placentero lugar para algunos altos funcionarios del Régimen, no tenía ningún interés por repetir en Catalunya un evento de esta naturaleza. No querían reproducir lo de las olimpiadas del 92 en Barcelona (olimpiadas que impuso Samaranch con mano de hierro, para tapar su vieja trayectoria fascista y quedar bien con la sociedad catalana burguesa a la que pertenecía). Recordemos que trataron de deslucirlas con unos eventos inventados (la Exposición Universal de Sevilla y la Cumbre Iberoamericana de Madrid), conectando además ambas ciudades con un tren de alta velocidad para que la aristocracia madrileña pudiera trasladarse con facilidad al sur y tomarse unos pinchitos bajo el sol. Ahora, en pleno 2022, con un Estado endeudado hasta las cejas, nadie está dispuesto a pagar la fiesta.

Fue por ello que surgió un debate interno entre los funcionarios “olímpicos” (todos ellos burócratas de carrera, con deseos de trepar a puestos mejor remunerados en la organización) y los políticos profesionales del núcleo duro del PSOE en Ferraz, para los que el deporte era en este caso un simple factor instrumental. Los “olímpicos” querían y quieren unas olimpiadas, pero no para Catalunya sino para Madrid. No las de invierno, sino las de verano del 36. Y se estaban preparando para ello. Lo de Barcelona-Pirineos era una simple cortina de humo. Recordemos que al poco de ser nombrado presidente del Comité Olímpico Español el ciudadano Alejandro Blanco declaró en pleno éxtasis: “Madrid no puede olvidar el sueño olímpico; es la ciudad más preparada del mundo. Unimos el gran nivel deportivo, organizativo, el de nuestros dirigentes y que más del noventa por ciento de la población quiere unos juegos. Nos deben unos Juegos Olímpicos”. Y todo ello se ha ido “al carajo”, como dicen vulgarmente algunos graciosos.

¿Y por qué ha ocurrido esto? Pues porque en el Comité Olímpico Internacional hay muchos intereses, intereses que trascienden de la presión que pueda ejercer el ciudadano Samaranch, actual vicepresidente e hijo del eterno presidente que transformó las Olimpiadas en un suculento negocio. Y esos intereses ya han dicho no a la posible candidatura de Madrid para los juegos olímpicos del 36. Y como diría el gran Keynes (en otro contexto) “a largo plazo todos muertos”.

Solo faltaba que apareciera (y no es casualidad) la basura conocida pero no documentada hasta ahora del “CatalanGate” para que los vendedores de la “convivencia” abandonaran la sala. El proyecto Barcelona-Pirineos se quedaba sin padrinos. No interesaba a nadie, ni a los olímpicos, ni a los políticos madrileños.

Solo quedaban medio desconcertados los que podríamos calificar de “tontos útiles”, la mayoría pertenecientes a las élites políticas y empresariales catalanas.

El concepto de “tonto útil” fue desarrollado por los gobiernos occidentales como parte del esfuerzo mediático de la guerra fría. En principio se argumentó que su padre intelectual era Lenin.

El código trataba de  describir a aquel tipo de personas pertenecientes a sociedades liberales que simpatizaban con los valores de la Unión Soviética. Es evidente que Lenin no podía ser el introductor, ya que el código se puso de moda después de la II Guerra Mundial, cuando Lenin llevaba muerto desde 1924. Lo que sí ocurría en 1948 era que millones de ciudadanos franceses e italianos votaban a los partidos comunistas de sus propios países, y para los poderes dominantes esos votantes eran “tontos útiles”. Si nos olvidamos de la carga política de aquel momento, podemos decir que el “tonto útil” es un tipo de persona fácilmente manipulable. Y aquí, en Catalunya, los tenemos a montones.

Algunos llevan tiempo practicando este ridículo juego, con Esquerra Republicana a la cabeza. Su insistencia enfermiza en la “mesa de diálogo” supera la categoría de tonto y pasa a la de idiota (“useful idiot” en inglés). Son conceptos parecidos, pero con matices. El idiota es un tonto que ha institucionalizado su estupidez. No sabe comportarse de otra manera. Por efecto de contagio, las huestes de monseñor Junqueras se han apropiado del gobierno de la Generalitat, con la anuencia de algunos de sus socios de Junts per Catalunya. Así, como un bloque, han caído en la trampa Barcelona-Pirineos y han perdido el tiempo miserablemente dedicando horas y recursos (más de los que cuentan) en un proyecto que nació fallido. La última broma del ciudadano Blanco es animarles a que vayan por libre (no con la marca España) y a ver qué pasa. Y esos idiotas, una vez más, se han tragado la píldora como si nada.

Hay un segundo grupo de “tontos útiles” (con algunos listos entre sus filas), que es el formado por un nutrido grupo de empresarios y directivos vinculados al Régimen (al antiguo y al nuevo), que también apostaban por la “convivencia”, eso sí, siempre que hubiera oportunidades para hacer negocios. Los listos ya los han hecho, pues desde que el gobierno de la Generalitat dio luz verde a la presentación de la candidatura, se han realizado distintos trabajos (bien remunerados) en el ámbito de la consultoría, la asesoría y la comunicación. Pensaban sacar mejor tajada, pero dentro de ser “colaboracionistas” ha cumplido su rol.

El tercer grupo de “tontos útiles” está formado por los alcaldes y otras autoridades administrativas de la zona afectada y limítrofes. No tenían mucha información y les han vendido la moto. Algunos ya se habían adelantado con recalificaciones y otras medidas “business friendly”, que se han llevado adelante aprovechando que el Guadiana pasaba por allí.

Siempre es lo mismo. Estos tipos son intelectualmente miserables, es decir, son muy poca cosa. Se conforman con seguir manejando la gestoría administrativa que el poder central les ha asignado (que eso y no otra cosa es la Generalitat de Catalunya) y van obteniendo pequeños favores, algunas regalías y otras concesiones a cambio de mantener en la práctica una fidelidad al Sistema. Lo que dicen sobre la independencia de Catalunya no tiene nada que ver con lo que hacen.

Dentro de poco el triste episodio de los juegos olímpicos de invierno Barcelona-Pirineos pasará al olvido. Para los especialistas siempre quedará el rincón de la figura esperpéntica del ciudadano Lambán y su enmarañado discurso. Pero éste es otro ámbito más propio de la psiquiatría que de las categorías sociológicas.

Habrá que inventarse otra cosa para seguir entreteniendo al personal.

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