El ‘Proyecto Ictiandro’: Cómo en la URSS se probó el primer hábitat submarino

Los primeros experimentos sobre cómo impacta la vida bajo el agua fueron realizados en la URSS no por profesionales, sino por aficionados.

“Primer día bajo el agua. En las cercanías se ve una roca, cubierta por una espesura submarina. Está repleta de vida. El cangrejo Mitka se ha instalado en una grieta. A veces, abandona su refugio y se arrastra flemáticamente por la roca, siempre masticando algo mientras tanto. Cae la noche. Los relámpagos resplandecen en uno u otro ojo de buey: son simples microorganismos que brillan”, escribió en agosto de 1966 el acuarista aficionado Alexander Haes, habitante de la primera casa submarina de la URSS.

Los años 60 en la Unión Soviética estuvieron marcados por la sed de exploración no sólo del espacio, sino también de las profundidades marinas. Los buzos de Donetsk fueron los pioneros en esto, cuyo entusiasmo fue estimulado por las noticias de los exitosos experimentos del famoso explorador francés Jacques-Yves Cousteau. En 1962, bajó al fondo del mar la primera casa submarina del mundo, “Conshelf I”, y en 1963 “construyó” un pueblo entero en el fondo del mar Rojo.

Un montón de chatarra y entusiasmo a prueba de óxido

«Ictiandro-66»

Mientras que en Occidente los profesionales se ocupaban de la construcción y las pruebas de las casas subacuáticas, en la URSS los primeros intentos corrieron a cargo de aficionados: los miembros del club de buceo “Ictiandro”, llamado así por un personaje de la novela El hombre anfibio del autor de ciencia ficción soviético Alexander Beliaev.

Comenzaron a montar la casa submarina en otoño de 1965. El Instituto de Mecánica Minera y Cibernética Técnica proporcionó a los aventureros las chapas metálicas, futuras paredes. El compresor que llenaba los tanques de los buzos con aire comprimido fue encontrado en un aeropuerto y reparado. La única central eléctrica de la que disponían los buceadores había sido dada de baja, pero también resultó útil.

La primera casa submarina soviética, por su forma, parecía un pequeño hangar con techo arqueado; tenía una superficie de seis metros cuadrados, con capacidad para dos personas. En su interior había una litera, un escritorio con teléfono, aparatos de vigilancia y médicos y un lavabo. Cuatro ojos de buey permitían ver el exterior. La ventilación se diseñó de forma que los acuanautas pudieran incluso fumar dentro. Estaba previsto que la electricidad, el agua dulce y el aire se bombeasen desde la costa a través de tuberías y cables; la comida para los habitantes (una ración diaria de 5.000 calorías) debía ser suministrada por otros buceadores.

El 5 de agosto de 1966, la casa fue llevada al cabo de Tarjankut, en Crimea. Los fondos marinos de la zona estaban, en ese momento, bien explorados: allí se habían encontrado ánforas antiguas y objetos domésticos escitas. En el cabo, los buzos instalaron una ciudad de tiendas de campaña para 100 personas. En la orilla había ingenieros y personal de rescate que velaban por la seguridad del experimento. Los médicos medían la respiración, la circulación sanguínea, el metabolismo y las reacciones mentales de los buceadores. Mientras tanto, los equipos de cámaras de noticias grababan este momento histórico. En total, había tres habitantes bajo el agua.

“Con precisión quirúrgica”

«Ictiandro-66»

El primer intento de bajar la casa a 11 metros de profundidad con la ayuda de cinco bloques de hormigón de media tonelada se llevó a cabo el 19 de agosto, pero estos planes se vieron frustrados por una tormenta de tres días que dispersó los bloques por toda la bahía. El segundo intento, que tuvo éxito, se llevó a cabo el 23 de agosto. La casa fue remolcada hasta el lugar de la inmersión durante dos horas a base de remos, porque el motor del barco había fallado.

El presidente del club de buceadores, el cirujano Alexander Haes, se convirtió en el primer habitante de la casa, escoltado a las profundidades del mar por su colega, Zhora Tunin. El primer día Haes lo pasó solo.

“La casa se balanceó toda la noche. Varias veces me desperté horrorizado: perdí el sentido del espacio; a veces parecía que los cables estaban a punto de romperse y tenía que correr hacia la salida, pero ¿dónde estaba, en qué lado? ¿Dónde tenía que buscar después la roca donde se guardaban las escafandras de emergencia? Cada vez, llamaba a nuestra base con ansiedad, pero una voz segura siempre respondía: ‘Sasha, todo está totalmente bien…’ Ahora ya no hay dudas. El experimento, nuestro experimento, tuvo éxito…”, decía uno de los extractos del diario de Alexander Haes de 1976 publicado por la revista Vokrug sveta (La vuelta al mundo).

El equipo de acuaristas del Club Submarino de Donetsk

El equipo de acuaristas del Club Submarino de Donetsk «Ictiandro» junto con los científicos realizan un experimento sobre la duración de la estancia del hombre bajo el agua, Crimea. El 1 de agosto de 1967.

A las 7:30 horas del 24 de agosto, Haes recibió la visita de los médicos, que comprobaron sus indicadores de salud. A las 8:30, un “camarero” con el desayuno bajó hasta él, que más tarde también acompañó a Alexander a dar un paseo bajo el agua. Al caer la tarde, se le unió Dmitri Galaktionov, un ingeniero de Moscú. A continuación, el minero de Donetsk Yuri Sovetov sustituyó al pionero el 26 de agosto.

Antes de salir a la superficie, Haes se sometió al proceso de desaturación en la casa submarina, que consiste en eliminar el nitrógeno del cuerpo inhalando primero una mezcla de oxígeno y helio y, después, oxígeno puro. Durante la salida a la superficie, Haes hizo una primera parada de 20 minutos a siete metros de profundidad. Luego otra a tres metros de profundidad. Estas pausas habían sido planificadas para la descompresión – una lenta eliminación del exceso de nitrógeno del cuerpo. En 60 minutos, después de tres días de vida submarina, el primer acuanauta de la URSS resurgió vivo y en buen estado de salud.

Al día siguiente, el 27 de agosto, comenzó una tormenta. A las 8 de la mañana, los médicos consiguieron sumergirse y comprobar los indicadores de salud de los acuanautas Galaktionov y Sovetov, pero, a las dos de la tarde, decidieron abandonar todo el experimento.

Cuando el equipo del proyecto «Ictiandro» regresó a Donetsk, recibió una notificación tardía de la Federación de Deportes Submarinos prohibiendo el experimento, pero, varios meses después, la Federación concedió, no obstante, diplomas a los submarinistas.

Nuevas incorporaciones a la familia de los «Ictiandro»

Casa Submarina

Casa Submarina «Ictiandro-68»

El «Ictiandro-66» dio inicio a una serie de experimentos con casas submarinas por parte de los buzos de Donetsk. El 28 de agosto de 1967, de nuevo en Crimea, en la bahía de Laspi, cerca de Sebastopol, bajaron al «Ictiandro-67», ahora a 12 metros de profundidad, una casa de cuatro habitaciones diseñada para cinco personas, con una cocina, un dormitorio, un baño y un laboratorio. Los acuanautas (ahora también mujeres) vivieron bajo el agua durante 14 días en total, por turnos. Pusieron a prueba sus organismos para trabajar en condiciones no naturales y también llevaron cobayas, ratones, un conejo y un gato. Los buzos también pusieron a prueba sus sistemas nerviosos: el agua se filtró en la casa dos veces y, durante la segunda, la inundó hasta la mitad.

La última casa de la serie «Ictiandro» se bajó al fondo del mar en 1968, también en la bahía de Laspi. El objetivo del experimento era llevar a cabo una investigación geológica: una plataforma de perforación operaba en el fondo marino no muy lejos de la casa, que los acuanautas mantenían. El proyecto se detuvo después de cuatro días, debido a una tormenta. Ese fue el último experimento de los buzos aficionados soviéticos.

En 1970, en el Cabo Tarjankut había un cartel conmemorativo de la primera casa submarina que decía: “Mira hacia adelante y no mires hacia atrás”. En 2006, 40 años después del experimento, se instalaron en el mismo lugar tres placas a cuadros blancos y negros que simbolizan la forma de la segunda casa «Ictiandro».

RBTH

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