La «moda» de comer sin gluten o sin lactosa: un «esfuerzo innecesario» que puede tener consecuencias

Un estudio de la Academia Española de Nutrición y Dietética señala la popularidad de este tipo de dietas sin motivo médico.

Los nutricionistas advierten que puede conllevar riesgos sobre la salud ósea o cardiovascular si no se cuenta con ayuda profesional.

A la cultura de la dieta le gusta demonizar alimentos. De vez en cuando le toca a los huevos, otras al aceite e incluso, a veces, a algunas frutas. Pero parece que ahora vuelven a estar en el centro de la diana los que tienen gluten o lactosa. Entre el 61% y el 73% de las personas que los excluyen de sus comidas lo hacen sin motivo médico. Es la conclusión a la que ha llegado el primer informe de Tendencia de exclusión alimentaria en España. Cifras que, en general, no sorprenden a los expertos. “Podría decirse que se ha convertido en una moda”, afirma la nutricionista Eli Gallego.

De acuerdo al estudio realizado por la Academia Española de Nutrición y Dietética y Mapfre, el 25% de los españoles que sigue una dieta de exclusión no toma alimentos con lactosa, mientras que el 31% evita muchos de los que tienen gluten y un 8% dice llevar una dieta completamente libre de gluten. Entre los principales motivos se encuentran la «reflexión personal» y considerar que las comidas que los llevan son «insanas». Pero se trata de un «esfuerzo innecesario», advierte Gallego, porque quitarlos del plato no nos hará ganar salud, y además, puede traernos consecuencias. 

Aunque el gluten y la lactosa no son imprescindibles, dejarlos sin supervisión profesional puede ser peligroso. En primer lugar, porque en muchas ocasiones se hace con la idea de perder peso, que ni es real ni sana, o porque la persona tiene problemas digestivos y se autodiagnostica. En ambos casos, es frecuente que las restricciones aumenten con el tiempo. «Al final acaban en el ‘me lo quito todo'», añade el dietista Borja Caballero. En el segundo, además, la exclusión puede retrasar dar con la clave del problema y suele prolongar aún más el malestar. 

Asimismo, seguir la moda de comer sin gluten o lactosa en búsqueda de una alimentación más saludable suele resultar en lo contrario. «Puede ser incluso peor», sugiere Dany Faccio, nutricionista de Singlutenismo. Normalmente, quienes los excluyen no se limitan a obtener los nutrientes de otras fuentes, sino que tienden a sustituirlos por productos como bebidas vegetales azucaradas o harinas refinadas más ricas en grasas de peor calidad y pobres en fibra, por ejemplo.

Las razones de los españoles para dejar el gluten y la lactosa

La decisión de excluir alimentos, nutrientes e ingredientes es principalmente autoprescrita y fruto de la reflexión personal (40%), según señala el informe Tendencia de exclusión alimentaria en España 2022. Concretamente, el 64% de las personas que dicen seguir una dieta sin gluten consideran que esta proteína no es saludable y el 54% de quienes no toman lactosa piensan lo mismo del disacárido.

Considerar el gluten y la lactosa como insanos es una falsa creencia que circula mayormente entre las mujeres y la población de mediana edad. La explicación puede buscarse en la cultura de la dieta o la gordofobia, pero también en el «boca a boca» y en la influencia de las redes sociales, que divulgan mitos sin base científica.

En este sentido, el nutricionista clínico Borja Caballero apunta a la tendencia de la «dieta paleo», una forma de comer que solo acepta los alimentos que en el pasado se podían obtener mediante la caza y la recolección. Así, la leche y los cereales quedan prohibidos. 

En el caso de la lactosa, además, a la decisión personal se añade que el 30% de los españoles que la evitan lo hacen porque aseguran que les sienta mal. Entre los síntomas con los que los entrevistados justifican autodiagnosticarse y no tomar ciertos alimentos se encuentran el malestar estomacal (35%), la acidez o el reflujo (28%) y la hinchazón abdominal (38%). 

No obstante, el 13,9% de las personas que llevan una dieta sin gluten no refieren hacerlo por los síntomas, y el 14,8% de las que excluyen la lactosa tampoco.

Menor salud ósea, déficit de vitamina D y problemas cardiovasculares

Lo peligroso del autodiagnóstico en cuanto a la alimentación, advierte la dietista Eli Gallego, es que «vas a terminar comiendo solo tres cosas» y eso suele ser mucho más problemático que el malestar digestivo que pueda estar detrás. «A veces llegan personas a consulta con bajo peso, con déficit alimentario o con trastornos de la conducta alimentaria», añade a RTVE.es.

Dejar de tomar alimentos con lactosa o con gluten sin la ayuda de un profesional puede comportar también riesgos como una menor ingesta de calcio que perjudique a la salud ósea o un déficit de vitaminas D y B12, imprescindibles para evitar enfermedades como la osteoporosis o el raquitismo y para mantener la salud neuronal y sanguínea, respectivamente. 

Asimismo, eliminar el grano entero y la fibra puede afectar negativamente a la salud cardiovascular, recoge el estudio de la Academia Española de Nutrición y Dietética y Mapfre. Para la nutricionista de Singlutenismo Dany Faccio, este riesgo está estrechamente relacionado con que, en el caso del gluten, las personas suelen sustituirlo por productos ultraprocesados ricos en grasas saturadas, azúcares libres y harinas refinadas. 

Tanto Faccio como los demás expertos entrevistados advierten igualmente de otro riesgo igual de importante: excluir la lactosa o el gluten puede dificultar gravemente el diagnóstico de patologías como la celiaquía o intolerancias alimentarias. «En el momento en el que dejas de consumir gluten», ejemplifica, «las pruebas diagnósticas dejan de ser tan fiables». Y encontrar el origen del malestar digestivo se vuelve una misión mucho más complicada. 

No son insanos, pero tampoco imprescindibles: la educación como clave

Ante todos los riesgos comentados, los nutricionistas coinciden en la importancia de desterrar la falsa creencia de que los alimentos que llevan gluten o lactosa son menos saludables o nos hacen engordar, pues esto puede conllevar que los ciudadanos terminen eliminándolos de su dieta sin un motivo médico -o ético en el caso de los lácteos- y, por ende, sin la supervisión médica necesaria.

Pero, en cualquier caso, también insisten en dejar claro que no son imprescindibles. Quienes no los toman por intolerancias o enfermedades, no tienen nada que temer si cuentan con apoyo profesional. «No hay nada que sea imprescindible si sabemos sustituirlo bien y si llevamos una alimentación equilibrada», explica la enfermera y dietista Beatriz Rueda. 

Los beneficios de la lactosa, por ejemplo, puede encontrarse también en bebidas vegetales enriquecidas con calcio y sin azúcares, así como en frutos secos como las almendras y las avellanas. En cuanto al aporte de fibra que suele obtenerse sobre todo de los productos con gluten, se halla igualmente en verduras y legumbres como los garbanzos, las lentejas y el brócoli.

Por eso, concuerdan los expertos entrevistados por RTVE.es, frente a la restricción, habría que mejorar nuestro acceso a la educación nutricional. «Necesitamos aprender a hacer elecciones alimentarias», concluye Rueda.

RTVE

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