¿Comisión Nacional de Derechos Electorales?

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos mexicana está hoy como aquella canción infantil de Cri-Cri, la de “El Comal y la Olla”: ‘Si no puede con quelites, mucho menos con lentejas’; o aquel dicho conocido: “Candil de la calle y oscuridad de su casa”.

Por Joel Hernández Santiago*

*joelhsantiago@gmail.com

De pronto, en obediente mandato recibido, su directora, Rosario Piedra Ibarra, se pone la casaca de guerrero y dice defender “la democracia en México” en abierto enfoque político por anular al Instituto Nacional Electoral (INE) mediante la famosa Reforma presidencial que ya se revisa en la Cámara de Diputados.

Y acusa que  los órganos autónomos “sólo han servido para  sabotear la voluntad del pueblo y manchar los procesos electorales.” Y que son “Órganos autónomos únicamente de nombre, instrumentos parciales, de sabotaje de la voluntad del pueblo, que sólo han servido para el mantenimiento de vicios que por años, si no es que por siglos, han manchado nuestros procesos electorales”, señaló.

Así, la CNDH se quiere mostrarse como una Comisión Nacional de Derechos Electorales y se erige en gran defensora de unos derechos políticos que no tienen que ver con su tarea.

El objetivo y fin de la CNDH es única y exclusivamente la protección de esos derechos humanos, la observancia, promoción, estudio y divulgación de ellos. Y por supuesto muchas otras atribuciones que tienen que ver con la defensa de los mexicanos en su persona y su patrimonio…

Pero nada que ver con la materia política o electoral, porque al afirmar que en los últimos años los órganos autónomos como el INE han ‘cometido sabotaje a la voluntad del pueblo” y que solo han servido ‘para manchar los procesos electorales” contraviene el artículo 102 de la Constitución, que precisa que la CNDH no es competente en asuntos electorales.

Así, la CNDH pide a los diputados avalar la reforma electoral porque dice que ‘el INE sabotea la voluntad popular, perpetuando prácticas electorales de hace siglos.’ (En México contesta el consejero Ciro Murayama, las elecciones apenas tienen 110 años, pues la primera se celebró en 1911 y hace siglos no existía la CNDH)

El pretexto de la señora Rosario Piedra Ibarra fue por los dichos de Lorenzo Córdova, presidente del INE en el sentido de que ‘el organismo (CNDH) fue capturado por el gobierno federal’. Y sí.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos fue una institución respetable y respetada por la mayoría de los mexicanos. Veían en ella la salvación a los abusos de poder o de particulares que atentan en contra de la integridad física y patrimonial de los mexicanos.

Se le buscaba para que encontrara solución a agravios de distinta naturaleza y se requería su intermediación para solucionar conflictos entre partes. Era, digamos, la casa de todos para el apoyo y la seguridad humana. Ya prácticamente no lo es.

De hecho todo comenzó con la controvertida decisión de enviar como su titular a una persona que no tiene ni los conocimientos ni la formación ni la sensibilidad para atender una tarea que merece el conocimiento de las leyes de defensa del ciudadano, punto por punto. Nada. Ella, a la sombra de su honorable madre, doña Rosario Ibarra de Piedra, ha construido su carrera política, pero también a la sombra y protección del Palacio Nacional.

Es licenciada en Psicología con maestría en Psicopedagogía y estudios adicionales en Laboratoristas Clínico Biólogos de la UANL. Muy poco que ver. O casi nada.

También es cierto que a lo largo de los años la CNDH cuenta con mucho personal altamente calificado en la materia; profesionales en la materia de la defensa de los derechos humanos y quienes contribuyeron en el engrandecimiento de esta Institución. Muchos de ellos aún están ahí.

Pero una cosa es tener un cuerpo institucional apropiado y otro muy lejano es el que su liderazgo recaiga en quien está lejos de atender los Derechos Humanos en toda su magnitud, sobre todo en momentos en los que el país, los mexicanos, requerimos la defensa y el cuidado de estos derechos.

El ambiente nacional es grave. Violencia criminal. Impunidad. Feminicidios. Militarización del país. Agravios de gobierno a ciudadanos en sus derechos básicos. Atentado a derechos de organizaciones de defensa social. Migrantes mexicanos en abandono. Todo está ahí para ser atendido, pero no: la regla hoy es no meterse en ello, mirar para otro lado. Dejar hacer. Dejar pasar.

Y con todo ese bagaje de abandono en su tarea fundamental, ahora resulta que se instala en defensora de la idea surgida en Palacio Nacional para acabar con el INE. Se dice que no se trata de desaparecerlo, pero que “tiene que cambiar”. ¿Cambiar para qué? ¿Por qué?

¿Quién puede decir que las elecciones de 2018 estuvieron manchadas por la falta de probidad e incapacidad del INE? ¿Y las elecciones posteriores? ¿Quién nos garantiza que lo electoral no volverá al ámbito de decisión gubernamental como ocurría en el pasado? ¿No que “ya no somos iguales”?

Bien haría la señora Piedra Ibarra en atender la tarea que se le encomendó, aunque se sabe que desconoce su tarea esencial y el espíritu que dio origen a la CNDH…

…Aunque sí sabe que el presupuesto asignado a esta Institución tiene origen en el trabajo de todos los mexicanos a fin de que sirva para defendernos, no para someterse a intereses políticos de circunstancia y que, por lo mismo,  sí se atenta a los derechos humanos de todos, aquí. 

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