Alzhéimer, la epidemia sin freno del siglo XXI

En el mundo, entre 50 y 60 millones de personas padecen esta enfermedad, 800.000 de ellas en España.

El aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población harán que los casos se disparen aún más.

El alzhéimer es la primera causa de demencia neurodegenerativa a nivel mundial y representa un reto sanitario de primer orden en el horizonte más inmediato. Se estima que actualmente entre 50 y 60 millones de personas en el mundo lo padecen, y las previsiones apuntan a que esta cifra se disparará de forma exponencial en las próximas décadas, debido sobre todo al aumento de la esperanza de vida y al progresivo envejecimiento de la población.

Según una estimación del estudio multinacional Global Burden of Disease, publicado en la revista científica The Lancet, el número de adultos con demencia aumentará hasta casi triplicarse en 2050, cuando habrá unos 153 millones de casos a nivel mundial. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido al alzhéimer como la «epidemia del siglo XXI», e insta a que se pongan todos los medios para intentar atajar su escalada explosiva antes de que arrase con los recursos sanitarios, ya que su carga será difícilmente sostenible. Especialmente en países muy envejecidos, como España, donde se espera que uno de cada tres habitantes tenga 65 años o más a mediados de siglo.

La enfermedad de Alzheimer está directamente relacionada con la longevidad, por lo que España es uno de los países que más pueden sufrir su incidencia, ya que cuenta con una de las mayores esperanzas de vida del mundo, junto con Japón y países europeos como Italia, Grecia, Portugal, Alemania o Francia. Las previsiones que maneja la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indican que la prevalencia en España prácticamente se duplicará de aquí a 2050, cuando más de 41 de cada personas 1.000 padezcan demencia. En 2021, el último año del que se tienen cifras, eran casi 21.

«El alzhéimer es la verdadera epidemia estructural del siglo XXI. Tenemos en España ahora en torno a 800.000 personas diagnosticadas, pero es posible que estos números se doblen. Las predicciones son realmente escalofriantes, aunque son fruto de una muy buena noticia, que es el aumento de la edad, ya que ahora cada vez la gente vive más y lo hace de una manera más sana. Se han curado muchas enfermedades de las causas más importantes de muerte, y tratamos mejor el cáncer y los infartos… La gente está viviendo más y está llegando más a la edad a la que tiene mucho riesgo de enfermedad de Alzheimer», describe a RTVE.es Juan Fortea, coordinador del grupo de estudio de conducta y demencia de la Sociedad Española de Neurología (SEN), quien aporta un dato inquietante: el riesgo de padecer esta patología se dobla cada cinco años a partir de los 65 años.

En la actualidad, se calcula que el 5% de la población de más de 65 años está afectada por la enfermedad de Alzheimer, mientras que este porcentaje aumenta a un 20% cuando se trata de octogenarios. En el caso de mayores de 90 años, una de cada dos personas padece demencia.

Edad, estilo de vida, genética…

El alzhéimer es una enfermedad que aún oculta sus principales secretos a los ojos de la medicina, aunque es cierto que en los últimos años se han producido avances muy importantes desde el punto de vista científico que invitan al optimismo. La causa de esta patología neurodegenerativa sigue siendo desconocida, pero se han identificado sus principales factores de riesgo, entre los que destacan la edad, la existencia de otras patologías asociadas, el estilo de vida y la genética.

La edad es el factor de riesgo más importante, ya que la incidendia del alzhéimer aumenta con el envejecimiento, según han constatado miles de estudios epidemiológicos en todo el mundo. Los factores de riesgo vascular, como la hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes, el sedentarismo, así como el consumo de alcohol y de tabaco, también contribuyen de manera importante a aumentar el riesgo de padecer o adelantar los efectos de esta enfermedad. El alzhéimer que obedece puramente a causas genéticas es el menos habitual, ya que representa únicamente el 1% de los casos.

Sin la esperanza de hallar una cura a corto plazo, el reto médico más inmediato es mejorar el diagnóstico, especialmente en las etapas más precoces de la enfermedad. Hay que tener en cuenta que la base de esta patología se produce entre diez y quince años antes de que se manifiesten sus primeros signos clínicos. «Cuando haces una intervención temprana contra el alzhéimer, el pronóstico es mucho más favorable, porque si se detiene o al menos se enlentece, se mantiene la calidad de vida del enfermo durante muchísimo más tiempo», explica a RTVE.es Javier Sáez Valero, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Miguel Hernández e investigador principal del Instituto de Neurociencias UMH-CSIC.

El equipo de Sáez Valero trabaja para intentar comprender por qué en el alzhéimer hay ciertos mecanismos cerebrales que funcionan mal, y cuál es la relación que existe entre ellos, lo que puede resultar básico para desvelar cómo progresa la enfermedad, y también para mejorar los abordajes terapéuticos. Otra de sus principales líneas de investigación se basa en la búsqueda de biomarcadores, especialmente analizando el líquido cefalorraquídeo, que pueden ayudar en el diagnóstico temprano.

Como reconoce, para las personas a las que en la actualidad ya se les ha diagnosticado alzhéimer, «es difícil que haya un tratamiento curativo en la ventana de tiempo en la cual va a padecer la enfermedad, pero tenemos que ser optimistas de cara a cinco y diez años, cuando esta situación puede cambiar». Aunque Sáez Valero insiste en que los pacientes actuales no están completamente desprotegidos, puesto que «afortunadamente ya existen terapias paliativas que no los van a curar, pero sí que van a ayudar al enlentecimiento de la enfermedad».

Este neurocientífico, que también es miembro del CIBER en Enfermedades Neurodegenerativas y del Instituto de Investigación Sanitaria ISABIAL, opina que el aumento de la esperanza de vida «nos obliga a encontrar» un remedio contra el alzhéimer, porque «no tiene ningún sentido vivir hasta los cien años si el 60-70% de esas personas van a perder la capacidad de reconocerse a sí mismos y de reconocer a sus seres queridos». «Yo particularmente como ser humano no quiero vivir cien años si dejo de reconocer a mis hijos. Y ese es el drama de nuestras personas mayores», recalca.

Una de las principales causas de muerte

El alzhéimer representa también una de las principales causas de muerte en el mundo occidental, hasta el punto de que podría ser la segunda más importante en países como España. La mortalidad relacionada con esta enfermedad se ha duplicado en los últimos años y, muy probablemente, seguirá aumentando a medida que la población continúe envejeciendo.

Su brutal incidencia, sumada a una progresión lenta pero implacable, convierten al alzhéimer en una patología depredadora que acarrea un alto coste no solo desde el punto de vista sanitario, sino también personal, ya que las familias aportan una parte muy importante de su tiempo y de sus recursos económicos en atender a las personas con demencia.

«El alzhéimer para las familias es una desgracia, no solo por ver al ser querido con una enfermedad totalmente incapacitante, sino porque tienen que asumir los costes económicos y sociales. Hay mucha gente que deja de trabajar para cuidar a su familiar. Un estudio indica que en España el 80% del cargo económico de los pacientes con demencia lo asumen las familias», declara a RTVE.es Teresa Moreno,  coordinadora del grupo de estudio de Neurogeriatría de la Sociedad Española de Neurologia (SEN).

Esta neuróloga, que desempeña su trabajo como jefa de servicio en la clínica Neuromed y como adjunta en los hospitales Quirónsalud Málaga y HC Marbella, también se muestra optimista con respecto al futuro de esta enfermedad. «No tengo ninguna duda de que se va a encontrar algo, aunque es verdad que a corto plazo no. Hablamos de unos diez años. En la próxima década yo estoy convencida de que saldrá algo, si no para curar, al menos para tratar y que se convierta en una enfermedad crónica pero tratable«, expresa.

«Cada vez se sabe más de esta enfermedad. Ahora mismo debe de haber aproximadamente 30.000 ensayos clínicos en curso, pero este tipo de ensayos llevan 20 o 30 años», prosigue, y apunta a la causa principal por la que, en su opinión, esta patología se muestre tan esquiva para la medicina: «El principal problema es que hoy por hoy llamamos alzhéimer a muchas cosas, a un síndrome que en un futuro serán enfermedades diferentes, porque no todos los enfermos de alzhéimer son iguales».

¿Un proceso irreversible?

En un cerebro con alzhéimer se produce una importante pérdida neuronal. La muerte de las células nerviosas está relacionada, principalmente, con dos tipos de alteraciones: la acumulación de placas de proteína amiloide y de ovillos neurofibrilares de proteína tau. Hasta ahora, se apuntaba a que la acumulación de estas sustancias tóxicas era la causa directa de la enfermedad, aunque recientes investigaciones ponen este punto en duda y sugieren que estas acumulaciones simplemente pueden ser consecuencia de la disminución de los niveles de estas proteínas en el cerebro, lo que acarrea la muerte neuronal. Esto podría explicar por qué las terapias que se han orientado al bloqueo de la generación de estas acumulaciones no han sido hasta ahora muy efectivas.

Algo que en la actualidad también se pone en duda es la irreversibilidad de la muerte neuronal, un extremo que se basaba en el supuesto de que las neuronas no se regeneran. «No es un proceso irreversible, como pensábamos antes, ya que sabemos cada vez más que hay plasticidad neuronal toda la vida. No tanto como en niños, pero hay vías de estudio para intentar potenciar esa creación de nuevas neuronas a cualquier edad», manifiesta Teresa Moreno al respecto.

«Más allá del número de neuronas, que por supuesto son importantes, actualmente se le da mucha importancia al número de sinapsis, de conexiones neuronales«, prosigue, señalando esta vía como un posible refuerzo de los mecanismos del cerebro afectados por el alzhéimer. «Se ha visto que neuronas que parecían muertas, por ejemplo después de un ictus o un traumatismo, con métodos especiales de estimulación o neuromodelación, o con algún fármaco, se han creado sinapsis, es decir, uniones con otras neuronas que han tomado su función», revela.

El alzhéimer fue descrito a comienzos del siglo XX por el neurólogo alemán Alois Alzheimer, de quien toma su nombre. Más de 100 años después, aún no se ha encontrado una cura efectiva contra esta enfermedad. Los últimos avances científicos invitan a la esperanza, aunque en el mejor de los escenarios aún tendrán que pasar varios años antes de disponer de herramientas terapéuticas eficaces para ponerle freno a esta epidemia. Mientras tanto, los casos solo harán que multiplicarse en un mundo cada vez más envejecido.

RTVE

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