Colombiano destapa la ‘granja de bots’ de EEUU que operaba desde Moscú

El colombiano Alberto Enrique Giraldo Saray, de 40 años, que desde abril de 2022 se encuentra detenido en Moscú por difundir información falsa sobre la operación militar de Rusia en Ucrania, desveló cómo funciona la granja de bots de una entidad vinculada al Gobierno de Estados Unidos que lo reclutó.

Según los datos de la investigación, la historia empezó en la primavera boreal de 2022, justamente tras el inicio de la operación militar de Rusia para frenar los bombardeos ucranianos contra las poblaciones civiles de Donetsk y Lugansk.

Miles de personas, residentes de las zonas limítrofes con Ucrania, empezaron a recibir mensajes de texto masivos a sus celulares en los que se afirmaba que el Ejército ruso sufría enormes bajas en la operación y se incitaba a la gente a salir a las calles para protestar.

Los mensajes provenían de distintos números de teléfonos para hacer creer que muchas personas compartían la misma opinión.

Varios ciudadanos acudieron a la policía para quejarse de esa campaña de mensajes masivos. Pronto los investigadores dieron con los nombres de los usuarios de los teléfonos implicados en la trama.

DETENCIÓN

Uno de los involucrados resultó el colombiano Alberto Enrique Giraldo Saray, que vive en Moscú hace más de 20 años. Fue capturado de inmediato.

En ese entonces, la embajada de Colombia emitió un escueto comunicado en el que se limitó a confirmar la detención de su connacional y asegurar que seguía con atención el caso.

Los investigadores establecieron que el colombiano tenía una granja de bots oculta en un gimnasio ubicado en un centro comercial en el norte de Moscú.

LA GRANJA DE BOTS

El propio Alberto Giraldo confesó en el interrogatorio que de esta forma la señal de su granja de bots se camuflaba entre la de los teléfonos de decenas de otros usuarios que acudían al centro comercial.

«Me pidieron buscar un lugar en el que haya gran cantidad de gente. Para que la transmisión de datos de distintos teléfonos sea grande», explicó el colombiano a Sputnik.

Para deshacerse de las evidencias, Alberto periódicamente destruía con una piedra los teléfonos casi nuevos en un lugar discreto. Tenía que fotografiar el proceso para sus «tutores», que le pagaban 1.000 dólares cada mes.

En una grabación que hizo la policía, que ya le estaba siguiendo el rastro al colombiano, se ve como Giraldo machaca unos celulares, las baterías llegan a explotar y sale humo. Los agentes recogieron los teléfonos rotos como pruebas del delito.

En abril de 2022, la policía registró la vivienda que alquilaba el colombiano y halló varios celulares nuevos.

Giraldo confesó en el interrogatorio que su trabajo era solo comprar y hacer los ajustes a los teléfonos, adquirir las tarjetas SIM y poner dinero en la cuenta de cada aparato. «Luego me enviaban los códigos QR. Un código para cada teléfono concreto. Capturaba el código con la cámara del teléfono y automáticamente se instalaba el programa de acceso remoto (…) Después de eso solo podía encender o apagarlo», relata Alberto a Sputnik.

El colombiano aclaró que los organizadores y los administradores de la granja de bots eran personas anónimas que operaban desde el extranjero. La idea –agregó- era que si las autoridades empezaban a investigar, descubrieran que los mensajes masivos provenían de tarjetas SIM rusas.

«Se centraban en el segmento ruso de Internet. Llevaban a cabo una guerra informativa usando las cuentas registradas con mis teléfonos. Imagínese que usted quiera escribir algo a gran cantidad de gente y que lo tomen como suyo. Entonces resulta que necesita usar medios de comunicación del segmento o del país objetivo», dijo el detenido en el interrogatorio.

De acuerdo con las pesquisas, en los teléfonos se instalaban programas para acceder de forma remota, aplicaciones para enviar SMS masivos y herramientas para ocultar direcciones IP.

«El análisis de todos los teléfonos disponibles de Alberto E.G.S. evidencian que desde Estados Unidos se creaban de forma remota correos y cuentas en las aplicaciones de mensajería y las redes sociales. Además, los teléfonos se usaban para enviar mensajes de texto masivos», dijo a Sputnik un experto informático.

Según las agencias de inteligencia rusas, es el «modus operandi» que usan los servicios secretos de Estados Unidos en sus operaciones informativas destructivas contra Rusia y otros países.

EL RECLUTAMIENTO DEL COLOMBIANO

Alberto confesó que fue captado por un conocido extranjero que en los chats usa el nombre «Madrid».

Hasta 2019 Giraldo era un empresario que se dedicaba al turismo, pero con la llegada de la pandemia el negocio quebró. Por eso, cuando su «viejo conocido» le propuso hacer una especie de test de diagnóstico de celulares, el colombiano aceptó. Dice que todos sus gastos le compensaban puntualmente desde el extranjero y le transferían el «salario» a su monedero bitcoin.

Sus tutores le prohibieron usar teléfonos, «router» e incluso cargadores de producción china porque temían una fuga de información. Es curioso que esto coincide con la ley del presupuesto militar de Estados Unidos, aprobada en 2018, que prohíbe adquirir equipos electrónicos chinos de las marchas ZTE, Huawei y otras para las instituciones gubernamentales con el argumento de una supuesta fuga de datos.

El colombiano admitió que la justificación estadounidense le parecía fantástica, pero él cumplía con lo que le exigían.

«Quizá Estados Unidos no confíe en este fabricante o cree que pueden haber dispositivos de espionaje. A mí me daba igual, yo solo hacía mi trabajo y me pagaban», contó.

Otra de las exigencias era guardar los teléfonos apagados en fundas Faraday para impedir que sean rastreados.

En el momento oportuno, Alberto recibía la orden de encender los teléfonos que generalmente eran horas de la tarde en Moscú. Este detalle le hizo pensar que los operadores se encuentran en un lugar donde en ese momento era mañana. Entre los operadores había una mujer que siempre tardaba en conectarse.

«Reuniendo todos estos datos, entendimos, por la diferencia horaria, que ellos se encontraban al otro lado (del planeta). En América del Norte, en América del Sur. Después se aclaró que estaban en América del Norte», dice Alberto a Sputnik.

Giraldo relata que tenía que pasear cierto tiempo con los teléfonos encendidos o viajar en un tranvía por la ciudad. Solo más tarde se ideó ocultar los teléfonos en el centro comercial, cuando el trabajo comenzó a aumentar y las sesiones duraban horas. Después de concluir la jornada, le ordenaban apagar los teléfonos, a veces le pedían destruirlos de inmediato.

EL PAPEL DE LA USAID

Pronto el colombiano se dio cuenta que estaba metido en algo más importante que el testeo de teléfonos. Le explicaron que todo esto era para facilitar la actividad de unos periodistas jóvenes y que él estaba luchando por la libertad de expresión. Otro tutor que se hacía llamar Bill Bryce se presentó como empleado de la organización internacional que apoyaba la libertad de expresión y el periodismo independiente Digital Humanity.

Según el sitio web de esta entidad, Digital Humanity es un socio permanente de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), institución prohibida en Rusia.

Tras la detención de Giraldo, la oenegé Digital Humanity eliminó su sitio web de Internet.

El colombiano narró que conversó con «Madrid» sobre el organizador verdadero de esta actividad.

«De la conversación entendí que eran los estadounidenses. Una vez, «Madrid» recordó que los gringos aceptaron no recortar la paga. Otra vez (en 2020) me di cuenta que en ese momento se llevaban a cabo elecciones presidenciales en Estados Unidos y supuse que la creación de nuevas cuentas se necesitan para trabajar en las elecciones», relató.

LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES

Los investigadores lograron en parte reconstruir los hechos y descubrieron que cuando Alberto comenzó en 2020, su «granja de bots» se usó para imitar una injerencia de Rusia en los comicios presidenciales de Estados Unidos. «Se estableció que este mismo grupo de personas usó un esquema similar con los celulares y las tarjetas SIM de los operadores rusos de telefonía para influenciar en las elecciones presidenciales de 2020 e imitar la injerencia de Rusia en ese proceso electoral», remarcó el Comité de Investigación.

Según las pesquisas, en septiembre de 2020 los estadounidenses recibieron un mensaje de un supuesto agente ruso que deseaba contar varios secretos a cambio de dinero. El mensaje había sido enviado desde uno de los correos registrados con los teléfonos del colombiano.

Un mes antes, el Departamento de Estado norteamericano anunció en las redes sociales una recompensa de 10 millones de dólares por información sobre las personas que supuestamente trataban o intentaron antes interferir en el proceso electoral estadounidense. De acuerdo con las agencias de inteligencia de Rusia, inmediatamente después de ese anuncio un servicio denominado CentrSoobsh comenzó a enviar a los usuarios rusos de forma masiva un mensaje de texto con el ofrecimiento del organismo estadounidense.

Las autoridades rusas creen que esa imitación de injerencia apareció luego en las investigaciones oficiales que se realizaron en Estados Unidos. Tampoco descartan que la «granja de bots» fue creada especialmente para esas elecciones y dos años después fue usada para difundir falsedades sobre la operación militar de Rusia y desatar protestas.

El propio Giraldo dice que en 2021 hubo un bajón de la actividad e incluso quiso salirse del «trabajo», pero sus tutores le insinuaron que detrás del proyecto había gente importante y debía seguir.

El colombiano colabora con la investigación y dice que se arrepiente. «Mis conocidos extranjeros me daban las instrucciones y yo hacía lo que me decían. Los teléfonos eran manejados remotamente desde América. Yo necesitaba dinero», dice.

El Comité de Investigación precisó que Giraldo está acusado de confabulación para difundir información falsa sobre las Fuerzas Armadas de Rusia, cargos que se castigan con una multa de entre tres a cinco millones de rublos (de 48.000 a 80.000 dólares) o trabajos correccionales hasta por un periodo máximo de cinco años.

Si bien la investigación ha concluido, el colombiano, que insiste en que se arrepiente de sus actos, aún debe enfrentar el proceso penal.

Sputnik

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