Del ‘no’ a las armas nucleares a las bombas sucias: cómo Kiev rompió su promesa

Casi 30 años después de la firma del acuerdo histórico sobre la entrega a Rusia del arsenal nuclear soviético de Ucrania, Moscú acusa a su vecino de desarrollar armas nucleares y una bomba sucia radiactiva. Sputnik te explica cómo se ha transformado la seguridad estratégica de la región en inseguridad.

El 14 de enero de 1994, el presidente ruso, Borís Yeltsin; el estadounidense, Bill Clinton, y el ucraniano, Leonid Kravchuk, firmaron un acuerdo trilateral sobre la eliminación de cabezas de misiles estratégicos en Ucrania. El documento, calificado por Yeltsin como «un gran impulso al objetivo del desarme nuclear», implicaba el compromiso de Moscú y Washington de desarmar los vastos arsenales nucleares que se habían apuntado mutuamente, y comprometían a Ucrania a entregar a Rusia, para su destrucción, sus vastos arsenales de armas nucleares remanentes de la época soviética.

Tras el colapso de la URSS, Kiev se quedó con más de 1.700 cabezas nucleares, más de 200 misiles balísticos intercontinentales y una flota de 38 bombarderos estratégicos pesados. Este arsenal convirtió de facto a Ucrania en el tercer Estado nuclear más poderoso del mundo, con potencia de fuego suficiente para arrasar el planeta por sí sola. Pero Kiev no tenía los códigos de lanzamiento de las armas nucleares que estaban en las manos del presidente Yeltsin.

No más armas nucleares

Con la intención de iniciar con el pie derecho las relaciones entre Ucrania y sus vecinos europeos y de adherirse al Tratado de No Proliferación (TNP) como Estado no poseedor de armas nucleares, el entonces presidente ucraniano, Kravchuk, aceptó una iniciativa propuesta por Rusia y EEUU para retirar las armas nucleares del territorio ucraniano y compensar a Kiev con suficientes elementos combustibles para alimentar su red de centrales nucleares durante más de una década.

Rusia iba a fundir las armas nucleares retiradas, y parte del combustible acabaría alimentando centrales nucleares de EEUU en un tratado al estilo del «acuerdo del siglo» entre el vicepresidente Al Gore y el primer ministro ruso Víktor Chernomyrdin.

Kravchuk se unió a Yeltsin y Clinton en la ceremonia de firma de los acuerdos nucleares del 14 de enero de 1994 y, en una declaración conjunta, los tres líderes se comprometieron a entregar las armas nucleares de Ucrania a Rusia «en el menor tiempo posible». Rusia y EEUU se comprometieron a respetar la independencia de Ucrania y prometieron no utilizar nunca armas nucleares contra el país.

Once meses más tarde, en una conferencia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa celebrada en diciembre de 1994, Rusia, EEUU, el Reino Unido, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania firmaron el Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad, un conjunto de tratados que proporcionaban garantías de seguridad a los tres últimos países en el momento de su adhesión al TNP.

El memorándum instaba a Rusia, EEUU y el Reino Unido a «reafirmar su obligación de abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania», y del uso de la fuerza armada contra el país «salvo en defensa propia o de otro modo de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas». Los garantes también se comprometieron a proporcionar asistencia a través de los canales de las Naciones Unidas «si Ucrania se convirtiera en víctima de un acto de agresión o en objeto de una amenaza de agresión en la que se utilicen armas nucleares.»

Ucrania completó la transferencia de sus armas nucleares a Rusia en junio de 1996 y eliminó sus sistemas vectores en 2001.

¿Violó Rusia el memorándum de Budapest?

Tras la escalada de la crisis de seguridad en Donbás en febrero de 2022 hasta convertirse en un conflicto total entre Rusia y Ucrania, los funcionarios ucranianos y sus patrocinadores occidentales han utilizado el memorándum de 1994 contra Moscú, acusando a Rusia de violar tanto el espíritu como la letra del acuerdo con su operación militar especial.

Sin embargo, los observadores no tardaron en encontrar lagunas en los argumentos de Kiev. Para empezar, el rechazo de Ucrania a las armas nucleares estaba codificado en la Declaración de Soberanía Estatal de la república de julio de 1990, que comprometía a Kiev a «no aceptar, producir o adquirir armas nucleares» y a adherirse a una política de estricta neutralidad. En otras palabras, incluso antes de que se firmaran la declaración trilateral y el memorándum de Budapest, Ucrania ya se había comprometido a renunciar a las armas nucleares en su territorio, que de todos modos Kiev nunca controló.

El compromiso de Ucrania de preservar la neutralidad se ha ido erosionando a lo largo de los últimos 20 años, primero tras la Revolución Naranja de 2005 del presidente Víktor Yúshchenko, que orientó al país hacia una posible adhesión a la OTAN y a la Unión Europea. Después, tras el golpe de Estado patrocinado por EEUU en febrero de 2014, la neutralidad pasó directamente al basurero de la historia cuando se modificó la Constitución del país para incluir el «rumbo estratégico» de unirse a la UE y al bloque militar occidental.

No, más armas nucleares

En febrero de 2022, pocos días antes de que Rusia lanzara su operación militar en Ucrania, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, pronunció un discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, en el que anunció que iniciaría consultas en virtud del memorándum de Budapest y señaló que Ucrania podría revocar su estatus de país no poseedor de armas nucleares.

«Ucrania ha recibido garantías de seguridad por abandonar la tercera capacidad nuclear del mundo. Nosotros no tenemos esa arma. Tampoco tenemos seguridad. Tampoco tenemos una parte del territorio de nuestro Estado. […] Por lo tanto, tenemos algo: el derecho a exigir que se pase de una política de apaciguamiento a garantizar la seguridad y la paz», declaró entonces Zelenski.

«Estoy iniciando consultas en el marco del memorándum de Budapest. El ministro de Asuntos Exteriores recibió el encargo de convocarlas. Si no se vuelven a celebrar o sus resultados no garantizan la seguridad de nuestro país, Ucrania tendrá todo el derecho a creer que el memorándum de Budapest no funciona y que todas las decisiones del paquete de 1994 están en entredicho», advirtió.

El presidente Putin se refirió a los comentarios de Zelenski en un discurso pronunciado poco después, afirmando que Ucrania tenía tanto la competencia técnica como la capacidad para construir un arma nuclear, y subrayando que Moscú consideraría una «amenaza estratégica» para Rusia incluso los intentos de crear un artefacto nuclear táctico por parte de un vecino que cuestiona la integridad territorial de Rusia.

Información sobre la investigación nuclear y de bombas sucias en Ucrania

Unas semanas más tarde, en marzo de 2022, la Inteligencia Exterior rusa anunció que había obtenido información de que Kiev estaba trabajando activamente en un arma nuclear, y que ya contaba con un potencial técnico y unos conocimientos técnicos superiores a los de Corea del Norte o Irán. En octubre, el Ejército ruso declaró que disponía de información de inteligencia sobre contactos entre la oficina del presidente ucraniano y funcionarios británicos sobre la posible adquisición de tecnología de armamento nuclear por parte de Ucrania.

También en octubre, el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, acusó a Kiev de «planear una provocación con la detonación de la llamada ‘bomba sucia’, o arma nuclear de bajo rendimiento» para acusar a Rusia de utilizar una bomba nuclear táctica en territorio ucraniano.

Shoigú transmitió esta información a altos funcionarios estadounidenses, británicos, franceses y turcos. Los funcionarios occidentales desestimaron las preocupaciones de Rusia y emitieron una declaración conjunta diciendo que se basaban en «acusaciones transparentemente falsas». Pero el contenido de las conversaciones privadas que pudieran haber mantenido con sus socios en Kiev sigue siendo desconocido.

Hasta la fecha, no ha salido a la luz más información sobre los trabajos de Kiev en materia de armas nucleares, ni sobre las acusaciones de bomba sucia por parte de los militares rusos. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) anunció que los inspectores enviados recientemente a Ucrania no habían encontrado «indicios de actividades o materiales nucleares no declarados» en los tres emplazamientos que habían inspeccionado. Sin embargo, las propias autoridades ucranianas abrieron estos lugares a la inspección para realizar «comprobaciones de salvaguardias» y son solo una fracción del total de instalaciones nucleares de Ucrania, que incluyen tres institutos de investigación, cuatro centrales nucleares, almacenes de residuos y un puñado de minas de uranio situadas en la región central ucraniana de Kirovograd.

¿Señal esperanzadora?

Como nota esperanzadora, el OIEA anunció que intensificaría sus esfuerzos «para ayudar a prevenir un accidente nuclear» en Ucrania, desplegando una presencia permanente «en todas las instalaciones nucleares de Ucrania, incluida la de Chernóbil». Sin embargo, esto no parece tener en cuenta las instalaciones nucleares no generadoras de energía mencionadas anteriormente.

El director general del OIEA, Rafael Grossi, tiene previsto viajar a Kiev para reunirse con altos funcionarios, y se espera que esboce una «zona de protección y seguridad» nuclear en torno a la central nuclear de Zaporozhie —donde ya están presentes especialistas del OIEA— y que ha sido bombardeada repetidamente por la artillería ucraniana tras pasar a control ruso el pasado mes de marzo.

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