¿Cómo se recuperó la URSS tras sufrir casi 27 millones de bajas en la Segunda Guerra Mundial?

El mayor conflicto de la historia se llevó por delante muchas vidas y el Estado se puso manos a la obra para reducir el agujero demográfico.

La Unión Soviética no reconoció inmediatamente la magnitud de sus propias pérdidas. La estimación oficial de muertes creció en proporción directa al paso del tiempo: de siete millones de los que habló Stalin a 26,6 millones con Vladímir Putin (aunque la cifra todavía se está revisando).

Todavía es muy difícil imaginar a tantas personas que fallecen en el campo de batalla o en la retaguardia. Pero es aún más difícil llenar el vacío demográfico resultante.

5d6d069815e9f93e100c102c

Una respuesta simple a la pregunta de cómo la Unión Soviética resolvió el problema es: simplemente no lo hizo. Más de 75 años después, el país no se ha recuperado todavía.

Un país de mujeres

En primer lugar, la situación se vio agravada por el hecho de que las pérdidas no se distribuyeron por igual entre todos los grupos de edad. Entre las víctimas predominaban personas en edad de reclutamiento (que es también la edad para tener hijos). En segundo lugar, la gran mayoría de las bajas fueron de hombres. Como resultado, se produjo un gran desequilibrio entre sexos.

“El desequilibrio entre hombres y mujeres en Rusia resultó ser aún mayor que en Ucrania o Bielorrusia, que estuvieron totalmente ocupadas durante la guerra, mientras que en la RSFSR (República Socialista Federativa Soviética Rusa) aproximadamente una cuarta parte de la población estaba bajo ocupación”, señala Nikolái Sávchenko, investigador y experto sobre las pérdidas humanas.

5d6d069815e9f93e100c102d

Según el censo de 1959, había 18,43 millones más de mujeres que de hombres, y el número de partos se había reducido a la mitad. “Ni siquiera Alemania o Polonia, que sufrieron pérdidas humanas significativas durante la Segunda Guerra Mundial, tenían tales disparidades”, dice Mijaíl Denisenko, experto del Centro Carnegie de Moscú y subdirector del Instituto de Demografía de la Escuela Superior de Economía. La migración tampoco vino al rescate. No mucha gente soñaba con mudarse a la URSS y tampoco se le permitió hacerlo a muchos.

¿Cómo se las arreglaron?

Durante la posguerra el desequilibrio disminuyó significativamente y a finales de los años 80 el crecimiento de la población ya era el adecuado, aunque espasmódico. Por ejemplo, contrariamente a todas las previsiones, en los años 80 nacieron 2.280.000 niños.

Estos picos temporales se debieron a dos circunstancias. Uno de ellos se había puesto en marcha incluso antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En 1936, Stalin emitió un decreto Sobre la prohibición del aborto, que también contemplaba un paquete de medidas que proporcionaban apoyo financiero a las madres. Fue seguido por un decreto secreto de Narkomzdrav [precursor del Ministerio de Salud] sobre la retirada de todos los anticonceptivos de las tiendas.

5d6d069915e9f93e100c102e

Esto ocurrió a pesar de que Rusia había sido el primer país del mundo en legalizar la interrupción del embarazo a petición de una mujer (en los países europeos ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1950). En 1920, la revolucionaria Nadiezhda Krúpskaia, esposa de Lenin, escribió: “Los médicos y las parteras especulaban sobre el aborto. Los abortos clandestinos a los que recurren las costureras, sirvientas y otras mujeres suelen ser realizados por personas incompetentes y con grandes riesgos… La eliminación de un feto que aún no se ha convertido en un ser vivo y que sigue formando parte del cuerpo de una mujer no puede considerarse un delito”. Este tipo de retórica era omnipresente en la época. Pero debido a las dificultades económicas, y especialmente a la hambruna masiva de 1932-1933, la tasa de natalidad comenzó a disminuir constantemente y en la década de 1930 la política social dio un giro radical.

La segunda circunstancia fueron las prestaciones pagadas en el marco de la política demográfica. Las mujeres nacidas a finales de los años 50 y 60 pudieron beneficiarse de estas ayudas lo que provocó un aumento de la tasa de natalidad durante los años 80. Todo esto aseguró el crecimiento de la población, aunque se dio de manera inestable. Para 2010, la brecha entre el número de hombres y mujeres se había reducido en ocho millones.

berlin-19450401_gaf_u39_039-b

Es cierto que esto todavía no puede compararse con la situación en la que vivían estos casi 27 millones de personas. Los expertos todavía creen que Rusia se está “muriendo”.

Otra ‘caída’ más

En 2017, la tasa de natalidad en Rusia cayó a su nivel más bajo en diez años y desde entonces la situación no ha mejorado mucho. Para rectificar esta tendencia el Estado ha lanzado un programa nacional especial, llamado Demografía, que durará hasta 2024, con un presupuesto de más de 40.000 millones de dólares. El programa es una continuación directa de los programas de apoyo estatal de mediados de la década de 2000 y la principal medida es el pago de una asignación por tener más de un hijo.

5d6d069915e9f93e100c1030

Pero hay quienes creen que esto es insuficiente y los demógrafos predicen otra “caída”. Además, algunos critican el programa Demografía por contar con un presupuesto desmesurado, mientras que otros, por el contrario, creen que la financiación debería multiplicarse por lo menos por cuatro, hasta el 2% del PIB. Según el director general del Instituto de Peritaje Científico y Público, Serguéi Ribálchenko, “en los países europeos este indicador asciende al 3-4 % y en Francia al 5-6 % del PIB”, y lo que Rusia está haciendo actualmente no es suficiente.

RBTH

Anuncios

Cómo salvó Stalin el alfabeto cirílico

A lo largo de su historia, la lengua rusa ha sobrevivido a dos reformas de gran envergadura y bien conocidas. La primera la llevó a cabo Pedro el Grande en el siglo XVIII, la segunda la acometieron los bolcheviques en 1917. Pero no se conoce tanto que, en la época soviética, Rusia se estaba preparando para otra transformación radical en el campo lingüístico: la romanización o latinización (representación de un idioma mediante la utilización del alfabeto latino).

Las discusiones sobre en qué alfabeto debía basarse la escritura rusa se remontan a cuando Pedro I introdujo para sus súbditos el nuevo alfabeto civil, en lugar del eclesiástico. Muchos científicos occidentales suponían que el zar reformador acabaría de completar la transformación de la vida rusa a los usos europeos transliterando la lengua rusa con el alfabeto latino. Pero eso no ocurrió.

Sin embargo, el proyecto de romanización de la lengua rusa fue recuperado tras la Revolución de Octubre de 1917, puesto que respondía perfectamente a la concepción de Lenin y Trotski sobre la creación y la importación de la cultura proletaria universal en el marco de la futura revolución mundial.

Según el Comisario del Pueblo de Instrucción, Anatoli Lunacharski, el alfabeto latino facilitaría considerablemente el estudio del ruso “como lengua proletaria de todos los países”: “La necesidad o la conciencia de lo imprescindible que es aligerar un alfabeto absurdo, agravado por reminiscencias históricas y prerrevolucionario es algo que todas las personas más o menos cultas sienten”.

Pero Lenin no se apresuró a introducir el alfabeto latino para la lengua rusa: “Si empleamos a toda prisa un nuevo alfabeto o introducimos rápidamente el latino, que después de todo tendrá que adaptarse al nuestro, podemos cometer errores y crear un espacio superfluo sobre el cual se abalanzará la crítica, hablando de nuestra barbarie, etc. No dudo en que llegará el momento en que se romanice la escritura rusa, pero ahora no es prudente actuar con precipitación”, respondió en una carta personal dirigida a Lunacharski.

No obstante, el Comisariado del Pueblo de Instrucción, encabezado por Lunacharski, llevó a cabo una importante reforma de la lengua rusa: el alfabeto ruso prerrevolucionario fue limpiado de una serie de letras “superfluas” (así, por ejemplo se sustituyó la letra ѣ (yat) por la e, la letra i por la и, la letra Ѳ por la ф), se redujo el uso de la letra ъ (signo duro), que antes de la Revolución se escribía obligatoriamente en posición final en todas las palabras acabadas en consonante. Hay que señalar que, para su reforma, los bolcheviques utilizaron proyectos ya desarrollados en tiempos de Nicolás II en la Academia Imperial de las Ciencias en 1904, 1912 y 1917.

Eclosión de las lenguas nacionales

En cuanto al proyecto de romanización de la lengua rusa, no se opusieron los bolcheviques ni los lingüistas adscritos a ellos. El poder soviético aspiraba a atraer, tanto en el centro como en la periferia, a cuantos más partidarios mejor y, por eso, trataba de demostrar por todos los medios su disposición a conceder a los pueblos de Rusia el máximo de libertad, hasta en la elección del alfabeto.

El alfabeto ruso, mal adaptado “a los movimientos del ojo y de la mano del hombre contemporáneo”, fue declarado una “reliquia de las artes gráficas clásicas de los siglos XVIII-XIX de los señores feudales, terratenientes y burgueses” y “las grafías de la opresión autocrática, la propaganda de misioneros, el nacional-chovinismo ruso”.

Del alfabeto ruso, “portador de la rusificación y del yugo nacional” por parte del zarismo y de la ortodoxia, se suponía que se desharían primero los pueblos ortodoxos no eslavos del antiguo imperio, ya que no tenían una tradición escrita en alfabeto cirílico (los komi, los carelios, etc.)

“La transición al alfabeto latino libera definitivamente a las masas trabajadoras de cualquier influencia de los contenidos burgueses-nacionales y religiosos en la producción impresa prerrevolucionaria”, se decía en el acta de la sesión de una de las comisiones para la romanización. Al mismo tiempo también se preveía transliterar a alfabeto latino todas las lenguas de los pueblos musulmanes de la Unión Soviética que utilizaban el alfabeto árabe (con el objetivo de eliminar la instrucción coránica y el impacto de la educación religiosa islámica), así como las lenguas que tenían sus propios sistemas de escritura: georgiano, armenio, calmuco, buriato, etc.

Una vez acabada la guerra civil en 1922, en la Unión Soviética se desarrolló una construcción lingüística única por su envergadura (la korenización o la indigenización), que proclamaba el derecho de todo pueblo, incluso el más pequeño, a utilizar su lengua local en todas las esferas de su nueva vida socialista.

El nuevo gobierno dedicó una gran cantidad de recursos a crear alfabetos, diccionarios, libros de texto y a formar profesorado: obtuvieron una autonomía completa de la lengua incluso las unidades territoriales más pequeñas, los selsovieti o consejos soviéticos rurales (¡con un mínimo de 500 habitantes!), lo que condujo a la aparición en el mapa de la Unión Soviética de una multitud de entidades lingüísticas nacionales de lo más extrañas. Así, por ejemplo, en 1931, en el territorio de la república socialista de Ucrania, junto con los selsovieti ucranianos, rusos, hebreos y otros nacionales, existían más de cien selsovieti alemanes, trece checos… ¡y uno sueco!

Como resultado, en un plazo de tiempo muy breve se crearon alfabetos estandarizados en latín para decenas de pueblos analfabetos o poco alfabetizados de la Unión Soviética que, enseguida y categóricamente, se introducían en los pueblos. Se transliteraba mediante el uso de los nuevos alfabetos toda la documentación, las publicaciones periódicas y los libros impresos.

Pero muy pronto la situación cambió drásticamente. Cuando el poder lo aglutinaban ya los círculos del Partido, Stalin favoreció su visión de cómo debía desarrollarse el Estado soviético, que distaba tanto de los puntos de vista del líder de la Revolución (Lenin) como de los de sus oponentes Lev Trotski, Lev Kámenev y Grigori Zinóviev.

Un nuevo status para el ruso con Stalin 

Stalin sentía mucho menos entusiasmo por la idea de exportar la revolución, considerando más factible crear un poderoso Estado socialista en un territorio que se ajustara lo máximo posible a las fronteras del antiguo imperio. Es lógico que, poco a poco, desde principios de la década de 1930, en la Unión Soviética empezaran a restaurarse parcialmente muchos fenómenos, normas y relaciones sociales adoptadas en la Rusia prerrevolucionaria y, a su vez, muchas novedades aportadas por la Revolución fueron declaradas “desviaciones de oportunistas de la izquierda” e “inclinaciones trotskistas”.

Además, la crisis mundial dictaba condiciones: era necesario recortar los enormes gastos que conllevaba reimprimir el viejo legado cultural con los nuevos alfabetos y que exigían las constantes reformas.

En enero de 1930, la comisión para la romanización, encabezada por el profesor Nikolái Yakovlev, preparó tres proyectos finales de latinización de la lengua rusa, que en tiempos del Comisariado del Pueblo de la Instrucción de Lunacharski (1917-1929) se consideraba ‘inevitable’.

No obstante, el Politburó, con Stalin a la cabeza, rechazó categóricamente, y para muchos de un modo inesperado, estos proyectos y prohibió que en lo sucesivo se gastara en esta empresa esfuerzos y dinero. En algunas intervenciones públicas de años posteriores Stalin subrayó la importancia de estudiar ruso para la construcción del socialismo en la Unión Soviética.

Y desde 1936 las lenguas romanizadas de la URSS se empezaron a transliterar masivamente al alfabeto cirílico con el objetivo de acercar las lenguas de los pueblos de la Unión Soviética a la lengua rusa, mientras que los alfabetos latinizados fueron declarados a su vez “no concordantes con el espíritu de los tiempos” o incluso “nocivos”.

La autonomía lingüística en múltiples niveles, brotada como una flor impetuosa en los albores de la URSS, se suprimió con celeridad y en todas partes, dando paso a una lengua rusa “reafirmada en sus derechos”. El 13 de marzo de 1938 se publicó el decreto del Comité Central del Partido comunista Pansoviético (de los bolcheviques) “Sobre el estudio obligatorio del ruso en las escuelas de las repúblicas nacionales y de las regiones”.

Los intelectuales de los pueblos de la Unión Soviética que se opusieron al sistema de representación de sus lenguas mediante el uso del alfabeto cirílico (cirilización) fueron sometidos a la represión. El proceso de enaltecimiento de la lengua rusa y del pueblo ruso en la década de 1930, bajo el poder de Stalin, sólo tomaba impulso. En los años de la Segunda Guerra Mundial la importancia de dominar el ruso por parte de todos los ciudadanos de la URSS sin excepción se convirtió en una verdad absoluta.

Después de la guerra, en 1945, se publicó el famoso libro del académico Vinográdov, La gran lengua rusa, en el que el autor, fiel al estilo de los ensayistas prerrevolucionarios imperiales, señalaba que “la grandeza y el poder de la lengua rusa son universalmente reconocidos. Este reconocimiento ha penetrado profundamente en la conciencia de todos los pueblos, de toda la humanidad”.

A finales de la década de 1940, el ruso pasó a ocupar un lugar muy relevante en el mundo, sin precedentes en su historia: se convirtió en una de las lenguas de trabajo de las Naciones Unidas y luego también del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAEM) y se convirtió en lengua de estudio obligatoria en las escuelas e instituciones superiores de todos los países socialistas.

RBTH

Por qué los nazis no pudieron descifrar los códigos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial

Durante la guerra, los oficiales soviéticos de cifrado fueron uno de los activos humanos de combate más importantes, y los nazis estaban desesperados por capturarlos.

“… quien capture a un oficial de cifrado ruso o incaute equipo criptográfico ruso recibirá una Cruz de Hierro y vacaciones en casa, trabajo en Berlín, y después de la guerra una finca en Crimea”, podía leerse en una orden emitida por Adolf Hitler en agosto de 1942. Esa orden nunca llegó a buen puerto.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los rompecódigos enemigos fueron incapaces de leer un solo mensaje cifrado soviético de los que lograron interceptar. El sistema de encriptación podría ser vulnerable sólo en un caso: si los descifradores tuvieran acceso al equipo de encriptación o a las claves del cifrado. Sin embargo, los oficiales soviéticos de cifrado se comportaron como verdaderos héroes, y los códigos no estuvieron en peligro en gran medida gracias a su coraje desinteresado.

5d711c5a85600a119c34b06a

Operador de radio recibiendo las noticias del Buró Soviético de Información.

En su artículo La protección de la información de los partisanos soviéticos durante la Gran Guerra Patria, el especialista en criptografía ruso, Dmitri Larin, dice que “de acuerdo con las instrucciones recibidas, los oficiales soviéticos de cifrado recibían protección fiable, además, normalmente tenían un bote con gasolina cerca y una granada siempre a mano, para que si el enemigo se acercaba pudieran destruir los documentos, el equipo y a sí mismos”.

A la caza del criptógrafo soviético

Se lanzó una verdadera cacería de oficiales soviéticos de cifrado para obtener sus equipos y códigos. Como resultado, muchos de ellos resultaron muertos. El historiador ruso, V. A. Anfílov, escribe que “los criptógrafos de la Embajada de la URSS en Alemania fueron los primeros en ser atacados. El 22 de junio de 1941 lograron quemar con urgencia lo más importante que poseían: los códigos”.

“Aquel mismo día, las SS irrumpieron en el edificio de la Embajada soviética en Berlín. El oficial de cifrado de la misión comercial soviética, Nikolái Logachov, se las arregló para atrincherarse en una de las habitaciones y quemó todos los códigos, apenas logrando mantenerse consciente en mitad del denso humo creado. Los nazis consiguieron echar la puerta abajo, pero era demasiado tarde: todos los códigos habían sido destruidos. Logachov fue capturado, pero luego fue intercambiado por empleados de las misiones diplomáticas alemanas en Moscú”.

5d711c5a85600a119c34b069

Los oficiales de cifrado mostraron un verdadero heroísmo protegiendo los códigos. La trágica historia de la muerte de la operadora de radio, Elena Stempkóvskaia, fue publicada en el periódico del Ejército Rojo: “Los alemanes se dirigieron al puesto de mando del batallón. Se fijaron en la operadora de radio y corrieron hacia ella. Elena cogió una carabina… mató a dos alemanes. Pero los nazis se abalanzaron sobre Stempkóvskaia y la capturaron. Los nazis torturaron a la joven durante toda una noche, pero Elena se mantuvo callada. La obligaron a caminar por las calles, mientras se burlaban de ella y entonces le cortaron las manos a Elena…”.

El secreto de los códigos rusos

Cada mensaje enviado en el frente tenía un código separado desarrollado exclusivamente para este que nunca se repetía. Como el enemigo no tenía acceso a ese sistema de criptografía, prácticamente nunca pudo descifrar las comunicaciones soviéticas de primera línea.

El cifrado se utilizó para transmitir todas las comunicaciones secretas durante la guerra: el cuartel general del Ejército recibía hasta 60 telegramas diarios, mientras que en el cuartel general del frente la media fue de hasta 400 telegramas diarios.

En el frente, se utilizaron máquinas de encriptación y telefonía secreta. La máquina de encriptación M-101 Izumrud (Esmeralda), creada en 1942, era considerada el dispositivo criptográfico más fiable, por lo que se utilizaba para encriptar mensajes de especial importancia.

Además de la Izumrud, los oficiales soviéticos de cifrado en el frente también usaban la máquina Sóbol-P. Según el historiador Dmitri Larin, ese era el dispositivo más sofisticado para la transmisión segura de información, y no tenía equivalentes en el extranjero. Los primeros dispositivos se enviaron a Stalingrado. Las Sóbol-P permitieron establecer comunicación a través de un canal de radio en lugar de las líneas telefónicas, que podían ser fácilmente destruidas o interceptadas por el enemigo. Descifrar un sistema de encriptación de voz para comunicaciones de radio cerradas era extremadamente difícil.

En sus memorias, famosos comandantes de la Segunda Guerra Mundial escribieron que sin los criptógrafos no habrían ganado las batallas.

5d711c5a85600a119c34b06b

El comandante militar soviético, Gueorgui Zhúkov, conocido como “el mariscal de la Victoria”, escribió que el excelente trabajo de los oficiales de cifrado le había ayudado a ganar más de una batalla, mientras que el mariscal Iván Kónev, que liberó Ucrania, Moldavia, Rumania, Polonia, Checoslovaquia y participó en las operaciones de Berlín y Praga, escribió en sus memorias: “Debemos rendir homenaje a nuestro equipo y a nuestros encargados de comunicaciones, que aseguraron estas y en cualquier situación acompañaron literalmente a cada paso a cualquiera que se suponía debía utilizarlas”.

RBTH

5 hechos poco conocidos sobre la batalla que detuvo la guerra relámpago alemana

A pesar de que Alemania ya había sufrido grandes reveses en la batalla de Inglaterra y el asedio de Tobruk, fue la batalla de Moscú la que hizo encallar a la maquinaria de guerra alemana.

1. Las tropas soviéticas defensoras eran superadas en número

La dudosa afirmación  de que los soviéticos se aseguraron la victoria en la Segunda Guerra Mundial “lanzando cuerpos a los alemanes” está lejos de la verdad y ciertamente no fue el caso de la batalla de Moscú.

5c0a2f9185600a77667bb428

Allí, 1,4 millones de soldados del Ejército Rojo tuvieron que contener a casi 2 millones de soldados de la Wehrmacht. En tales circunstancias, el comando soviético no tenía nada que hacer, sino confiar en sus maniobras y elegir el momento adecuado para contraatacar.

2. La aviación soviética bombardeó Berlín para vengar a Moscú

Cuando las primeras bombas cayeron del cielo sobre la capital soviética, en julio de 1941, los dirigentes soviéticos decidieron no dejar sin respuesta esa acción. En el transcurso de un mes, un escuadrón aéreo especial con base en el archipiélago de Moonsund (actual Estonia), en el mar Báltico, llevo a cabo con éxito una incursión para bombardear la capital alemana.

5c0a2f9285600a77667bb429

Aunque no causaron daños graves, el ataque supuso un gran impulso psicológico. Mostró a los enemigos, aliados y al pueblo soviético por igual que el país no se había rendido y seguía luchando.

3. El ‘general Invierno’ era un traidor

A pesar del significado convencional de la expresión, el “general Invierno” (que se refiere al invierno ruso) no siempre estuvo del lado ruso. El frío moderado de noviembre, cuando la Wehrmacht se acercó a Moscú, no creó ningún problema para los alemanes. Al contrario, congeló el suelo y les ayudó en su avance.

“El frío congeló los pantanos, y los tanques alemanes y sus unidades motorizadas (la principal fuerza de ataque enemiga) quedaron más libres para moverse. Lo sufrimos inmediatamente. El comando enemigo comenzó a utilizar los tanques fuera de las carreteras”, recordaría el mariscal Konstantín Rokossovski en sus memorias.

5c0a2f9285600a77667bb42a

Más tarde, cuando los ejércitos soviéticos pasaron a la contraofensiva en diciembre y enero, el clima se tornó extremadamente frío. Los soldados soviéticos atacantes se congelaban en los campos y se hundían en la nieve profunda, mientras que los alemanes se aferraban a sus posiciones en los asentamientos que habían ocupado en las afueras de Moscú.

4. Los soldados soviéticos lucharon en tanques británicos

Justo antes de que comenzara la batalla de Moscú, la Unión Soviética recibió la primera entrega de equipo militar de Gran Bretaña como parte del programa de préstamo y arriendo.

5c0a2f9385600a77667bb42b

En noviembre, los primeros tanques de infantería Matilda y Valentine se unieron a sus homólogos soviéticos de acero en las afueras de la capital. A menudo, las tripulaciones soviéticas tuvieron que aprender a conducir las máquinas extranjeras en el propio frente.

Además de tanques, aviones de combate Hawker Hurricane y Curtiss Tomahawk (pilotados por soviéticos) sobrevolaron los cielos de Moscú.

5. Las divisiones siberianas salvaron Moscú

La contraofensiva soviética se hizo posible gracias a la aparición de nuevas divisiones llegadas de Siberia y el Lejano Oriente ruso. Hasta el último minuto, Stalin había mantenido a una parte significativa de sus tropas en la frontera con Manchuria, esperando contener un esperado ataque japonés.

5c0a2f9385600a77667bb42c

Sin embargo, después de que el espía soviético Richard Sorge informara que el Imperio japonés no planeaba iniciar una guerra contra la URSS en 1941, varias docenas de divisiones fueron reasignadas a Moscú, donde inclinaron la balanza a favor de los soviéticos.

RBTH

El ocaso de los ‘samuráis’: la ofensiva de la URSS que trajo al mundo la dinastía de los Kim

Este 15 de agosto los dos países de la península de Corea han celebrado una de sus fiestas nacionales. En el norte se llama Día de la Liberación de la Patria y conmemora la rendición de Japón en la II Guerra Mundial. En Corea la capitulación fue el punto culminante de la ofensiva del Ejército Rojo en la península. Sputnik te brinda los detalles.

La península coreana se encontraba bajo la ocupación del Imperio de Japón en 1945. Corea pasó a formar parte del Estado nipón en 1910 después de haber existido ya como colonia japonesa durante otros cinco años.

En la Segunda Guerra Mundial, el Imperio de Japón se alió con la Alemania nazi y la Italia fascista. La Unión Soviética se comprometió ante sus aliados occidentales a entrar en guerra contra Japón pasados dos o tres meses después de la derrota del Tercer Reich.

1

Las tropas soviéticas se preparan para la ofensiva contra el Ejército nipón en Corea.

Justo tres meses después de la victoria en Europa, Moscú declaró la guerra a Tokio dando inicio a la ofensiva en Manchuria —la parte noreste de China—. Los primeros combates en el territorio coreano tuvieron lugar el 14 de agosto, cuando los efectivos del Ejército Rojo desembarcaron en la zona noreste de la península.

El 15 de agosto Japón anunció sus planes de capitular —la decisión fue formalizada el 2 de septiembre de 1945—. Al día siguiente los soldados de la URSS establecieron el control sobre el puerto de Wonsan. Ya el 24 de agosto tomarían la futura capital de Corea del Norte, Pyongyang.

2

El Ejército Rojo en Pyongyang.

Una guerra verdaderamente olvidada

Los japoneses opusieron una fuerte resistencia a la ofensiva soviética, pero el Ejército Rojo superó a los militares nipones en vigor y poderío militar, explicó a Sputnik el analista ruso Konstantín Asmólov.

Desde hace mucho tiempo en Corea del Norte ha existido el mito de que las unidades de rebeldes coreanos liderados por Kim Il-sung fueron los liberadores principales de la península.
Konstantín Asmólov

3

El monumento a los soldados soviéticos en Pyongyang.

Si bien en Pyongyang hay un monumento gigantesco al Ejército Rojo —inaugurado en 1947—, durante mucho tiempo se le restó importancia al papel de la URSS en la capitulación de Japón en Corea, añadió Asmólov.

El Ejército Rojo tomó parte muy importante en la liberación de Corea. Fueron los soldados soviéticos quienes liberaron la mayoría de la parte norte de la península.
Konstantín Asmólov

Entretanto, los partisanos no desempeñaron un papel decisivo, pero sí tomaron parte en los combates.

4

Soldados del Ejército Rojo luchan contra las tropas japonesas en una ciudad coreana.

En cierta etapa, las unidades de rebeldes norcoreanos habían sido casi completamente exterminadas por parte de los japoneses y Kim Il-sung resultó ser el único que no había sido traicionado, ni asesinado, ni se vendió a los invasores.
Konstantín Asmólov

Según Asmólov, hoy en día la balanza se inclina cada vez hacia el reconocimiento del verdadero papel de las tropas soviéticas en la derrota del Imperio de Japón en Corea.

En la última versión de la biografía de Kim Il-sung, escrita en forma de memorias, el primer líder norcoreano reconocía que el Ejército Rojo estaba allí y que incluso se puso en contacto con las tropas de la URSS, apuntó Asmólov.

5

Unas lanchas soviéticas durante la operación en la península de Corea.

‘Liberación’ con demora

Los estadounidenses tardaron tres semanas en llegar a la parte sur de la península. Los soldados estadounidenses pisaron el suelo coreano solo a principios de septiembre de 1945.

Después de su derrota, Japón había entregado el poder de Corea a los izquierdistas coreanos. Cuando las tropas estadounidenses llegaron a la península, allí ya existía la llamada República Popular de Corea, pero EEUU no reconoció este Gobierno y luego lo prohibió.

6

Los efectivos del Ejército Rojo desembarcan en Corea.

Aunque las tropas de EEUU son consideradas libertadoras en Corea del Sur, no es por su papel en el destino del país durante la Segunda Guerra Mundial, sino por su desempeño durante la Guerra de Corea (1950-1953), aclaró el experto.

En realidad, el Ejército de EEUU no tiene nada que ver con la liberación de Corea del dominio de Japón.
Konstantín Asmólov

Cuando apareció la idea de dividir la península de Corea en dos partes, las tropas estadounidenses ni siquiera habían llegado allí.

7

Un soldado estadounidense y varios efectivos del Ejército Rojo en el paralelo 38. Noviembre de 1945.

Incompetencia y prisa

Nadie esperaba que Japón empezara a colapsar tan rápido bajo los golpes del Ejército Rojo. Entonces Estados Unidos tuvo que dibujar un plan para el futuro de la región en la época posguerra, destacó.

Se lo encomendaron a dos oficiales que usaron un mapa de National Geographic y decidieron dividir la península por el paralelo 38.
Resulta que el destino del pueblo coreano fue decidido por dos personas que no eran especialistas en esta región y lo hicieron solo media hora antes de la fecha límite.
Konstantín Asmólov

8

La retirada de las tropas soviéticas de Corea del Norte en 1948.

En aquel momento, la prioridad principal para Washington era no permitir que las tropas soviéticas desembarcasen en Hokkaido. De lo contrario Japón habría sufrido el destino de Alemania de ser divida en dos zonas de ocupación.

También los estadounidenses estaban preocupados por la posibilidad de ceder a la URSS la península de Corea en su totalidad.

Como consecuencia de esa división, EEUU se hizo con la capital coreana, Seúl, y una población que era casi el doble que la del norte. Dado que las dos partes carecían de expertos en este asunto, Moscú aceptó esta sugerencia.

9

Retrato de Kim Il-sung.

Durante la posguerra, Moscú apostó por Kim Il-sung, quien pronto impuso el culto a su personalidad. La parte norte de la península se convertiría en la República Popular Democrática de Corea en septiembre de 1948.

Los herederos de Kim Il-sung han gobernado durante más de siete décadas el país, que había sido creado por esta ofensiva de la URSS contra el Imperio del Japón.

10

Un soldado norcoreano, de guardia en el monumento a los soldados soviéticos en Pyongyang.

Sputnik